BRINDIS
Yo tenía la idea de que se brindaba sólo en ocasiones especiales: una fiesta, una reunión familiar o social, un cumpleaños, Navidad, Año Nuevo. Levantar la copa y decir: ¡Felicidades! Chocarlas para oír el alegre tintineo del cristal contra el cristal.
Y los prejuicios habituales: La copa no puede estar vacía, Si es vino, mejor que si es agua, Decir el clásico Chin, chin, Que si las burbujas …
Sin embargo, hace un tiempo, desde que estoy resbalando hacia el abismo, cada vez que me siento a la mesa y tomo mi copa, brindo conmigo misma, en silencio, por la pequeña felicidad de ese momento, porque estoy junto al hombre que amo, a veces con la compañía de un hijo, de un nieto, de alguien que me quiere, de alguien a quien yo quiero.
Brindo, es decir ofrezco a los demás, a quien está conmigo, mis buenos deseos, y expreso secretamente el anhelo de que ese momento se prolongue y se repita.
Cualquier comida, con un brindis, se convierte en fiesta. Eso intento al levantar mi copa, muy suavemente, para que nadie se dé cuenta, mientras en mi mente formulo las palabras mágicas que el amor me dicta.
Mecha Novillo. 3 de junio de 2010.
martes, 23 de agosto de 2011
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