Dorado el arbolito en la vereda.
Adentro de la casa duerme un niño.
Ha nacido hace poco. No lo he visto.
Pero la casa tiene un aire nuevo,
una fragancia propia,
una luz y un silencio que la acunan,
como si todo junto fuera un nido
para albergar al niño.
Con el sol por detrás el árbol se dibuja
mágico y leve,
como señal de buena nueva.
Yo miro todo desde mi ventana,
al frente de la casa con el árbol dorado.
Y suelo hacer poemas sobre el jardín dormido,
sobre la lluvia mansa,
sobre la luz agónica del sol en el ocaso.
Hoy abrí la ventana y vi el árbol dorado,
señal de buena nueva.
.
Transpuse las paredes, imaginé la escena:
una madre y un niño que está por despertarse
una boquita ansiosa, el comienzo de un llanto,
el pecho generoso de la madre, sus ojos,
y los ojos del niño
que se buscan y se hallan …
Basta ya de palabras. Silencio.
Que este niño
ha llenado la casa de alegría y ensueño.
Es la vida que sigue mientras la vida pasa …
domingo, 24 de enero de 2010
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