Desesperada estoy, desesperada.
Con un hueco de angustia anidado en el pecho.
Con un vacío inmenso que me llena por dentro
Y un llanto silencioso que me quema y me quema.
Hasta cuándo, pregunto, al Cielo indiferente
Hasta cuándo la angustia y el dolor, hasta cuándo.
Se puede sufrir más, bien lo comprendo
Pero he llegado al límite. Mis fuerzas
Ya no son un bastión ni una defensa.
Son apenas los restos que me quedan
Del ser que fui, de la mujer que fuera.
Ya no soy nadie. Ni soy ni estoy.
Sumida en la amargura lentamente me voy.
domingo, 24 de enero de 2010
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