Domingo 17 de mayo de 2009.
Idas y vueltas en este duro camino de cada día. Hoy, a primera hora, Quiqui abrió la puerta y cortó de una maceta dos flores para mí. Las puso en el platito de las tostadas. Al servir el desayuno las encontré. Alegrías del hogar, nunca mejor llamadas que así, y aquí. Que Dios nos conceda un día tranquilo y con amor.
Viernes 29 de mayo de 2009
Acongojada, desesperada, ansioso el corazón y el alma destrozada, así estoy. Quiqui es ya un despojo, yo no lo soy menos. Anoche se quiso levantar y no pudo hacerlo, el cuerpo no le respondía. No me llamó, se las arregló sosteniéndose del picaporte de la ventana, resbalando y a punto de caer. Cuando fui a verlo esta mañana lo encontré muy mal, con fiebre, agotado por la mala noche.
Este diario está destinado a decir (gritar, lamentarme, llorar, lo que sea) qué siento yo. Y una vez más debo reconocer la incapacidad de las palabras para expresar los sentimientos y los estados de ánimo. Esta mañana me habló Liliana, prometí enviarle textos de escritores y algunos míos sobre “el doble”, “el otro yo”, etc. Los busqué y se los envié. Cómo me gustaría tener otro yo que saliera, que pudiera escapar de esta prisión, que pudiera reír, libre, feliz por cualquier cosa – hay tantas! – mientras el yo obligatorio se queda aquí, escribiendo, leyendo, cumpliendo con una cantidad de tareas domésticas odiosas o al menos poco atractivas, atendiendo a Quiqui. Iba a decir: acompañando a Quiqui, pero sería una mentira. Él está en su mundo, no me deja entrar, no puedo acompañarlo. Sé que tiene miedo, miedo de tener un tumor, miedo de morir, pero no lo habla, ni aprovecha la poca vida que le queda para gozarla de algún modo. Eso me rebela, pero no puedo hacer nada. Es su vida. Es su tormento … y el mío.
Mañana cumplo 76 años. Hace por lo menos 6 que no vivo, apenas si sobrevivo.
2 de enero de 2010: La realidad me abofetea la cara. La realidad me aplasta. La realidad me asfixia. Y no hay forma de evadirse. Cada mañana, al ir al dormitorio de Quiqui a despertarlo, espero … absurdamente, verlo bien, o un poquito mejor. Pero no, lo único que consigo es, a veces, una sonrisa leve, forzada, ¡pobre amor mío! Me acuesto a su lado para abrazarlo y compartir unos minutos el calor de nuestros cuerpos; y luego de esa burda imitación de nuestra realidad de antes, se impone la actual: dura, seca, implacable. No podemos escapar.
7 de enero de 2010: Hoy me ocurrió algo que ha sido un llamado de atención: perdí un sobre grande con el Calendario que acababa de hacer anillar en el Shopping, lo dejé en el taxi o se me cayó de las manos, no sé qué pudo pasar. El hecho en sí no es muy importante, y puede hacerse de nuevo, Carmen ya me imprimió las fotos y yo estoy trabajando en Publisher para rehacer todas las hojas y ha quedado mejor que antes, mañana imprimiré y lo llevaré nuevamente a que lo armen. Pero … ¿por qué pasó? Yo soy muy cuidadosa, muy atenta con todo. Y sin embargo esta vez tuve una “laguna” o una “ausencia” y esto me asusta muchísimo. Llegué a casa, exploté y lloré. Quiqui me miraba sin verme. No me dijo una sola palabra de consuelo. Sergio sí, se lo conté por teléfono y me dijo que él también pierde cosas cuando tiene muchos problemas, que era algo normal. No sé si es así, pero Dios bendiga su buen corazón.
Comprendo que estoy al borde del abismo, ya no puedo más. Y sin embargo, tengo que poder.
26 de enero de 2010: Enero se desliza lentamente hacia su fin, igual que Quiqui. Pero Enero lo hace sin dolor, mientras que Quiqui sufre en su cuerpo tan lastimado y en su alma tan golpeada este lento resbalar hacia la nada.
31 de enero de 2010: Llueve. Está fresco, corre un airecito vivificante. Con eso ya puedo sentirme casi feliz. Hay otras cosas, además; Quiqui se levantó solo esta mañana y me hizo un chistecito, ahora extraordinario, antes muy común, se presentó en mi dormitorio y semioculto chistaba y chistaba para que yo lo descubriera, una especie de juego de escondida. Yo oía el chistido pero no sabía de dónde provenía, creía que era un ruido de la radio, miro y era Quiqui, sonriendo. Nos abrazamos, eso me alegró la mañana.
25 de junio de 2010
Hoy Quiqui está triste. Siempre lo está pero hoy se nota más. Y yo también, en consecuencia, aunque me esfuerzo por levantar una pared invisible entre los dos, para conservar la cordura. Tengo horas de desfallecimiento, es difícil encontrar el equilibrio entre el cariño y la pena. Si me dejo contagiar por su estado de abatimiento no le sirvo para nada.
13 de septiembre de 2010. Como hacía mucho que no ocurría ¡Quiqui caminó! Por la tarde fuimos, a pedido de él, hasta el café de la Avda. Caraffa, caminando. 4 cuadras de ida y 4 de vuelta, sin ninguna dificultad, sin llegar a casa a desplomarse en el sillón. Me dijo: Ya que no hago Fisioterapia, tengo que caminar.
Ojalá le dure.
4 de diciembre de 2010. No sé si alguien, algún día, leerá esto. No importa. A mí me hace bien (¿me hace bien?, no, apenas me sirve) escribirlo. Así la angustia escapa por la punta de los dedos, se hace palabras, de lo contrario sería una nube negra que me abatiría totalmente.
15 de abril de 2011. El tiempo pasa sigiloso, a veces parece que se ha detenido, pero no, continúa su marcha implacable. Y después de muchas horas, de muchos días de intenso trabajo, de marcadas tristezas, de tibias resignaciones, hoy retomo este diario porque estoy al borde del peor abismo que aguarda al hombre, la partida definitiva, el adiós, el abandono de un cuerpo deteriorado e inservible, el regreso al origen… Quiqui está internado en Terapia Intensiva desde hace seis días. Está en coma farmacológico y con respiración asistida. No sé si volveré a verlo consciente, no sé si él me verá, me oirá, si sentirá mis manos acariciando las suyas, mi beso en su frente…
2 de mayo de 2011. Quiqui ya no está. Murió el 19 de abril. Su cuerpo tan castigado por las enfermedades es ya sólo cenizas. Quiero creer que él, el que estaba dentro de su cuerpo, alcanzó la paz y está bien. Yo lo guardo dentro de mí. Aquí estará siempre.
Con amor.
Mecha Novillo. 2 de mayo de 2011.
martes, 23 de agosto de 2011
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