EL HOMBRECITO DEL CLAVEL
Como todos los miércoles pasa, tempranero, con el clavel que ha comprado en la feria, envuelto en un cucurucho de papel celofán decorado con florcitas. A veces son dos o tres los claveles, nunca más, su jubilación mínima no le permite gastar en fantasías. Pero nunca, nunca, deja de pasar con el clavel, una leve sonrisa dibujada en el rostro ajado y maltratado por los años. Esta tarde será la cita, y a ella siempre le gustaron los claveles, desde que eran novios.
* * *
Ella ya no está, se fue con su sonrisa triste, con su rostro bondadoso, con su corazón débil que un día no respondió más.
Él va a verla al cementerio, insistente, incansable, pone el clavel sobre la tumba y le pregunta, sin palabras, por qué lo dejó. Luego vuelve a su casa y a su soledad.
Esa era la imagen que yo veía semana tras semana.
Pero un miércoles pasó sin el consabido clavel, me extrañó. Y más aún su especto. Tenía ropa nueva y un brillo especial en la mirada, diluida la tristeza, parecía otro, parecía feliz. ¿Habría olvidado? ¿Habría encontrado un amor? Le deseé lo mejor.
No volvió a pasar los miércoles con un clavel en la mano.
* * *
Ayer lo vi pasar. Triste otra vez, con un gran ramo de claveles como para pedir perdón a la finada. ¿Por la interrupción de la rutina de los miércoles? ¿Por el intento fallido de olvidarla? ¿Por el nuevo amor ….?
* * *
Mecha Novillo. Enero de 2011.
martes, 23 de agosto de 2011
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