martes, 23 de agosto de 2011
Frente al espejo
FRENTE AL ESPEJO
Me miro al espejo y no me encuentro. No soy yo la imagen que allí se refleja. Si yo no estoy, ¿quién es la que aparece?
Sin vanidad ni coquetería estudio esa imagen, y recuerdo la de la adolescente que fui, no hace mucho, apenas ha pasado un soplo de tiempo. No la encuentro. No está. Debería estar, pienso, porque aquella jovencita se miraba al espejo obsesivamente.
Tampoco está la mujer adulta, segura de sí, dueña de de sus actos, de sus decisiones, feliz con su vida, su familia, su trabajo …
Ni esta mujer madura, dolida y triste.
En cambio, una y otra vez, aparece mi madre. ¿Soy yo o es ella? Miro la imagen del espejo y le pregunto las cosas que debí preguntarle en vida.¡Son tantas mis dudas! Es tanta mi incapacidad de resolver situaciones difíciles, de adaptarme al paso del tiempo y sus temibles consecuencias, de enfrentar con éxito los sinsabores cotidianos, y sobre todo, hacerlo con una sonrisa. Porque mi madre, en el espejo, sonríe. Me sonríe y me repite, desde su conocimiento simple y sabio, un único consejo: Paciencia. Y yo, ahora yo, agrego: Perseverancia. Pero no hay nadie, en el espejo, que pronuncie la palabra mágica, ésa con la que los poetas cantan y juegan : Alegría. Deberé inventar un amigo invisible, como hacen los niños, para que la diga.
En este momento especialmente duro de mi vida, por los reiterados embates de la vejez en la persona de Quiqui, y también en mí misma, necesito de esas tres palabras transformadas en acción: Paciencia, Perseverancia y Alegría.
Creo que no es tan difícil. Están allí, en el espejo.
Mecha Novillo.
14 de enero de 2009.
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