martes, 27 de septiembre de 2011

ÚLTIMAS PALABRAS. 1

Te has ido para siempre, amado mío. Esta vez es un viaje sin retorno.
Nunca más, me repito hasta el cansancio, la razón me lo dice, el corazón lo niega.
Nunca más estarás en nuestra casa, en el sillón que te abrazaba, en la cama buscando el reposo para tu cuerpo exhausto, en la mesa compartiendo el desayuno y las noticias, alargando tu mano para tomar la mía, mirándonos a los ojos, pensando yo hasta cuándo tanto dolor, y tú refugiado en el silencio, quizás pensando lo mismo.
Te extraño, es un dolor muy grande, es un esfuerzo enorme tratar de aceptar la realidad, estoy segura de que esto que escribo vos lo ves, lo sabes, que lees mi corazón,

Otro día más y van … muchos. Para llenar las horas hago cosas con la esperanza de sentirme viva. Hoy empecé Yoga, nada especial. Mañana viernes leo, luego vendrá el sábado y el domingo con su carga de profunda soledad a cuestas. Es duro pasar el fin de semana. Te extraño, mucho, cariñito. Quisiera verte en sueños.

No sé por qué te cuento esto, cosas cotidianas, me aligera la carga que representa llevar la casa sola. (¿Estarás aquí, a mi lado, y yo no te veo?) Las cosas se rompen, los artefactos se descomponen, yo no sé qué hacer; por mí, dejaría que todo siga hasta que se extinga por el natural deterioro que acarrean los años.

Te extraño mucho, me haces falta. Te pido que vengas, en sueños, así sabré que estás bien y que me amas como yo te amo.

Mecha Novillo
Agosto.2011
DIARIO.

Martes 21 de octubre de 2008.

Gran angustia. No sé por qué. Sí lo sé. Hay muchos motivos. El más importante: la salud de Quiqui. Noto una leve mejoría y eso me despierta una gran ansiedad. ¿Irá a seguir bien? ¿Será sólo una mejoría ilusoria, de hoy, de unas pocas horas? ¿Será malo que crea que la pesadilla va a terminar? Digo malo porque luego, al despertar, la decepción puede ser aún peor.
A las secuelas del ACV ya me he adaptado – resignado, acostumbrado – y no me parece tan terrible como al principio. Verlo caminar con pasos lentos, cortos, como si caminar le resultara penoso…, ver su imposibilidad para manejar las manos, para vestirse, desvestirse, comer, beber, servirse un vaso de agua, tomar el café…, todo eso ya lo he asumido y no me afecta tanto. Además ha recuperado el equilibrio, eso es un gran paso adelante.
Pero verlo sufrir como lo he visto, como lo veo, por el herpes zóster que lo atacó, eso es espantoso. Y esto es lo que ahora me despierta una ansiedad que me mortifica.

Domingo 28 de diciembre de 2008.

Ansiedad, angustia, dolor, desesperación, esperanza, todos estos sentimientos y muchos más se hicieron presentes en estos dos meses. El herpes pasó pero sus secuelas aún quedan. La piel seriamente dañada, con sensaciones de dolor pasajero, y como consecuencia de los analgésicos que tuvo que tomar para atenuar y soportar el dolor, un eritema medicamentoso que ahora se ensañó con su espalda y sus brazos, exigiendo nuevos remedios con sus previsibles efectos secundarios indeseados y el antídoto correspondiente. Y la evolución aleatoria, un día o dos bien, otro mal, otro peor.
Un laberinto con el Minotauro acechando.
¡Qué difícil ha sido! ¡Qué difícil es!
Cuando esto comenzó, allá por el mes de julio, yo creía tener fuerzas, creía que era una cuestión de voluntad y dedicación. Y puse todo mi empeño, pero no pude evitar los desfallecimientos y la desesperanza. No soy una mujer 10, apenas una mujer.
Falta un par de días, por así decir, para que termine este año. Siempre se supone que lo que viene será mejor. Dios lo quiera.

Lunes 5 de enero de 2009.

Puse la fecha y no escribí nada en su momento. Teniendo tantas cosas para decir! Es que las palabras son pobres , no logran expresar lo que estoy viviendo, lo que estamos viviendo. El infierno tal y como lo concibieron los teólogos y literatos del Medioevo.

Jueves 7 de mayo de 2009.
Quiqui está mejor. Pero todavía precisa mucha ayuda, cuidados, atención, seguimiento… Y yo me siento impotente, desvalida, desamparada…No soy la que era, y me pregunto si alguna vez volveré a serlo.

Domingo 17 de mayo de 2009.

Idas y vueltas en este duro camino de cada día. Hoy, a primera hora, Quiqui abrió la puerta y cortó de una maceta dos flores para mí. Las puso en el platito de las tostadas. Al servir el desayuno las encontré. Alegrías del hogar, nunca mejor llamadas que así, y aquí. Que Dios nos conceda un día tranquilo y con amor.

Domingo 31 de mayo de 2009.

Quiqui está peor que nunca. Casi no puede moverse, casi no puede caminar, para hacerlo se apoya en el bastón y en mí, y mis fuerzas físicas no me alcanzan para sostenerlo.

Lunes 26 de octubre de 2009.
Mañana cumplo 76 años. Hace por lo menos 6 que no vivo, apenas si sobrevivo.

28 de diciembre de 2009: Se va acabando el año. Antes yo me lamentaba porque no había cambios positivos en la salud de Quiqui y en nuestra vida, en mi encierro forzoso, en el futuro incierto. Ahora comprendo que vamos a empezar un nuevo año y todo seguirá evolucionando para peor. No es pesimismo. Es ver la realidad.

2 de enero de 2010: La realidad me abofetea la cara. La realidad me aplasta. La realidad me asfixia. Y no hay forma de evadirse. Cada mañana, al ir al dormitorio de Quiqui a despertarlo, espero … absurdamente, verlo bien, o un poquito mejor. Pero no, lo único que consigo es, a veces, una sonrisa leve, forzada, ¡pobre amor mío! Me acuesto a su lado para abrazarlo y compartir unos minutos el calor de nuestros cuerpos; y luego de esa burda imitación de nuestra realidad de antes, se impone la actual: dura, seca, implacable. No podemos escapar.

31 de enero de 2010: Llueve. Está fresco, corre un airecito vivificante. Con eso ya puedo sentirme casi feliz. Hay otras cosas, además; Quiqui se levantó solo esta mañana y me hizo un chistecito, ahora extraordinario, antes muy común, se presentó en mi dormitorio y semioculto chistaba y chistaba para que yo lo descubriera, una especie de juego de escondida. Yo oía el chistido pero no sabía de dónde provenía, creía que era un ruido de la radio, miro y era Quiqui, sonriendo. Nos abrazamos, eso me alegró la mañana.

4 de diciembre de 2010. No sé si alguien, algún día, leerá esto. No importa. A mí me hace bien (¿me hace bien?, no, apenas me sirve) escribirlo. Así la angustia escapa por la punta de los dedos, se hace palabras, de lo contrario sería una nube negra que me abatiría totalmente.

15 de abril de 2011. El tiempo pasa sigiloso, a veces parece que se ha detenido, pero no, continúa su marcha implacable. Y después de muchas horas, de muchos días de intenso trabajo, de marcadas tristezas, de tibias resignaciones, hoy retomo este diario porque estoy al borde del peor abismo que aguarda al hombre, la partida definitiva, el adiós, el abandono de un cuerpo deteriorado e inservible, el regreso al origen… Quiqui está internado en Terapia Intensiva desde hace seis días. Está en coma farmacológico y con respiración asistida. No sé si volveré a verlo consciente, no sé si él me verá, me oirá, si sentirá mis manos acariciando las suyas, mi beso en su frente…

2 de mayo de 2011. Quiqui ya no está. Murió el 19 de abril. Su cuerpo tan castigado por las enfermedades es ya sólo cenizas. Quiero creer que él, el que estaba dentro de su cuerpo, alcanzó la paz y está bien. Yo lo guardo dentro de mí. Aquí estará siempre.


Con amor.
Mecha Novillo. 2 de mayo de 2011.

martes, 23 de agosto de 2011

Terra Preta

TERRA PRETA


“Terra preta: Tierra empobrecida que mezclada con carbón y desechos orgánicos, incluyendo trozos de cerámica, se hace fértil. La presencia de terra preta en vastas extensiones combate el efecto invernadero.”
Lo leí, mientras esperaba turno en el consultorio del odontólogo. Sobre una mesita baja había revistas, desde las que muestran a la gente del espectáculo y de la farándula argentina, hasta las que presentan a los reyes y nobles sin trono de los países europeos. Había una que otra revista “seria”. Me decidí por la National Geographic, recordando una época lejana en que recibimos la suscripción por un año.
Hojeé sin mayor interés la revista , hasta que un largo artículo y gran cantidad de fotografías llamaron mi atención. Lo que leía y lo que veía salía de lo común. Era un estudio exhaustivo sobre la “terra preta”. Jamás había oído esas palabras. Me aboqué a leerlo con interés, y tomé nota en un papelito – el reverso de una boleta vieja de ésas que quedan en la cartera aunque ya no hagan falta – de lo más importante. Luego, pensé, completaría la información consultando en Internet.
Pero al llegar a casa el papelito quedó olvidado, mientras la idea no me abandonó, siguió dando vueltas y vueltas en mi pensamiento.

“Sin embargo, estudios recientes parecen mostrar que podríamos estar descubriendo oro negro (no contaminante), si logramos desvelar todos sus secretos. ¿Por qué tanto interés ahora? La razón es muy simple. Se ha descubierto que se trata de un fertilizante orgánico de propiedades formidables. Más aún, su materia y efectos duran miles de años, por lo que bastaría una aplicación con vistas a convertir un yermo en un paraíso para la producción agrícola. Más aún, dicen algunos expertos que tiene la sorprendente capacidad de auto- regenerarse”
“La terra preta se encuentra sólo en antiguos asentamientos humanos, lo cual nos dice que es una tierra artificial, hecha por el hombre. La terra preta sigue fértil tras siglos de exposición al sol tropical y a la lluvia, la clave de la terra preta es el carbón, resultado de quemar plantas y desechos a bajas temperaturas.”

El esbozo de una comparación me hace sonreír. Yo soy una tierra empobrecida, desgastada por los años, por los trabajos, por los sufrimientos, por las decepciones, por las angustias; he estado, como la tierra, expuesta al bien y al mal, pero hay una esperanza, puedo convertirme en terra preta. ¿Cuál será el carbón que me devuelva la vida, que me reconvierta en la tierra fértil que fui?
Habré de buscarlo.
Mecha Novillo.
Agosto de 2009.

Gasista



GASISTA

Muchos fueron los operarios que a lo largo de los años entraron, se aposentaron y salieron de mi casa para arreglos, refacciones, reparaciones, con buenos y malos resultados, tema de escritos en donde yo volcaba mi desesperación ante el caos que invariablemente provocaban.
Pero hoy, lejos de esos avatares, quiero recordar con afecto y respeto por su calidad humana al gasista que apareció en casa como un desconocido, sólo por la recomendación de una amiga, y permaneció por años en las casas de toda la familia, arreglando, escuchando discos viejos, cantando tangos, tomando mate: un amigo.
Culak era su apellido, un apellido checo, no recuerdo su nombre, siempre lo llamamos así: Culak. Y ese detalle, su origen checo, fue de entrada la mejor carta de presentación. Checo era el abuelo de Quiqui. Los checos son gente buena, laboriosa, honesta, responsable, era un sobreentendido entre nosotros.
Y en efecto, Culak fue eso y mucho más: gasista, albañil, plomero, electricista, colocador de azulejos, y baldosas, pintor y todo lo que hiciera falta. Era gasista matriculado y tenía estudios, se había recibido en el Otto Krause y estaba muy orgulloso de su formación técnica. Sabía hacer de todo y todo lo hacía bien, pero había que respetar sus tiempos.
Recién llegado a Córdoba consiguió un primer trabajo, y por sucesivas recomendaciones, pues sus empleadores siempre quedaban satisfechos con su obra y pasaban el dato a sus amigos, pronto tuvo más trabajo del que podía realizar.
Venía de Buenos Aires, de la Capital, tratando de olvidar un mal matrimonio, ya disuelto, y la ingratitud de un hijo que, habiendo ascendido en la escala social gracias a los estudios de Ingeniería que el padre le costeara y a un buen matrimonio, ahora lo ignoraba. No conocía a sus nietos. Esos tristes detalles se fueron desgranando poco a poco, a través de varios años, en lentas confidencias, entre mate y mate. El termo y el mate eran parte de su equipo de trabajo
En una vieja camioneta, vestido de overol, musculoso y fuerte, de facciones agradables, correcto en sus palabras con la inocultable tonada de porteño, se presentó una mañana. Instalar una cocina fue el tema en casa. Reformar la cocina, hacer un baño nuevo, revocar y pintar el patio, y múltiples tareas más en casa de mis hijos. No podíamos creer que fuera tan bueno en lo suyo. Así, nos lo “prestábamos” cuando hacía falta y lo tratábamos como un amigo.
Con Quiqui hablaba de la guerra, de Checoeslovaquia, de antepasados checos, del idioma, de las costumbres y las comidas. Pero tenía muchos otros intereses. Vio un álbum de discos viejos, de pasta, abandonado, y preguntó si podía quedárselo. Se lo dimos, estábamos por tirarlo. Lo que le interesaba era el tango. Mientras trabajaba cantaba tangos como si en ello le fuera la vida.
Un día llegó tarde, apenado, ensombrecido el semblante. Le preguntamos. Y abandonando toda reserva nos contó el motivo de su abatimiento. Tenía una novia, la había conocido en una tanguería y el darse cuenta de que amaba el tango y la milonga tanto como él había sido un factor importante en su mutuo enamoramiento. Pero había más: juntos se presentaban en concursos de baile y estaban a punto de ganar el primer premio. Pero en la última etapa había perdido. Eso lo mortificaba al extremo, tanto en lo personal como en lo que ese fracaso pudiera influir en su relación de pareja.
En lo de Sergio trabajó por años en reformas importantes, y Federico aprendió a caminar mientras lo veía usar el fletacho, colocar ladrillos, rasquetear y pintar. Imitaba todos estos movimientos como un experto aprendiz.
Un día decidió casarse con su compañera en el baile de la vida y en los concursos de tango. Mis hijos asistieron a la boda.
Los años pasaron, y Culak desapareció de nuestras vidas. No lo vimos más. Parecía inmortal. Pero en algún cielo de arena y cal seguirá bailando, aspirando al primer puesto.


Mecha Novillo. Noviembre de 2010




Frente al espejo




FRENTE AL ESPEJO

Me miro al espejo y no me encuentro. No soy yo la imagen que allí se refleja. Si yo no estoy, ¿quién es la que aparece?
Sin vanidad ni coquetería estudio esa imagen, y recuerdo la de la adolescente que fui, no hace mucho, apenas ha pasado un soplo de tiempo. No la encuentro. No está. Debería estar, pienso, porque aquella jovencita se miraba al espejo obsesivamente.
Tampoco está la mujer adulta, segura de sí, dueña de de sus actos, de sus decisiones, feliz con su vida, su familia, su trabajo …
Ni esta mujer madura, dolida y triste.
En cambio, una y otra vez, aparece mi madre. ¿Soy yo o es ella? Miro la imagen del espejo y le pregunto las cosas que debí preguntarle en vida.¡Son tantas mis dudas! Es tanta mi incapacidad de resolver situaciones difíciles, de adaptarme al paso del tiempo y sus temibles consecuencias, de enfrentar con éxito los sinsabores cotidianos, y sobre todo, hacerlo con una sonrisa. Porque mi madre, en el espejo, sonríe. Me sonríe y me repite, desde su conocimiento simple y sabio, un único consejo: Paciencia. Y yo, ahora yo, agrego: Perseverancia. Pero no hay nadie, en el espejo, que pronuncie la palabra mágica, ésa con la que los poetas cantan y juegan : Alegría. Deberé inventar un amigo invisible, como hacen los niños, para que la diga.
En este momento especialmente duro de mi vida, por los reiterados embates de la vejez en la persona de Quiqui, y también en mí misma, necesito de esas tres palabras transformadas en acción: Paciencia, Perseverancia y Alegría.
Creo que no es tan difícil. Están allí, en el espejo.

Mecha Novillo.
14 de enero de 2009.

El Hombrecito del Clavel

EL HOMBRECITO DEL CLAVEL

Como todos los miércoles pasa, tempranero, con el clavel que ha comprado en la feria, envuelto en un cucurucho de papel celofán decorado con florcitas. A veces son dos o tres los claveles, nunca más, su jubilación mínima no le permite gastar en fantasías. Pero nunca, nunca, deja de pasar con el clavel, una leve sonrisa dibujada en el rostro ajado y maltratado por los años. Esta tarde será la cita, y a ella siempre le gustaron los claveles, desde que eran novios.
* * *
Ella ya no está, se fue con su sonrisa triste, con su rostro bondadoso, con su corazón débil que un día no respondió más.
Él va a verla al cementerio, insistente, incansable, pone el clavel sobre la tumba y le pregunta, sin palabras, por qué lo dejó. Luego vuelve a su casa y a su soledad.
Esa era la imagen que yo veía semana tras semana.
Pero un miércoles pasó sin el consabido clavel, me extrañó. Y más aún su especto. Tenía ropa nueva y un brillo especial en la mirada, diluida la tristeza, parecía otro, parecía feliz. ¿Habría olvidado? ¿Habría encontrado un amor? Le deseé lo mejor.
No volvió a pasar los miércoles con un clavel en la mano.

* * *
Ayer lo vi pasar. Triste otra vez, con un gran ramo de claveles como para pedir perdón a la finada. ¿Por la interrupción de la rutina de los miércoles? ¿Por el intento fallido de olvidarla? ¿Por el nuevo amor ….?

* * *
Mecha Novillo. Enero de 2011.

Codicia

Las tres virtudes cardinales. Los siete pecados capitales. Los diez mandamientos. Y la codicia ¿dónde estaba? ¿dónde está?
Codicia. Allí, en sus ojos ansiosos, en su aliento entrecortado, en su respiración agitada. Codicia. Allí. La más negra codicia al verla esa madrugada deslizándose suave, lejana, inasible, extraña. Era bella. Era deseable, incitante, era objeto de codicia. Tenerla para sí. No, no, mejor, ser como ella.
Por la noche había alterado su sueño, ese su sueño leve de mujer mayor, de mujer sola, con carnes marchitas y recuerdos marchitos. Lo había perturbado con sus gloriosos cantos de placer, con sus escandalosos lamentos, con la magia de sus suspiros.
Pero eso ya pasó. Era de día. Un rayo de sol, el primero, la tocó, y sus colores increíbles resplandecieron en un maravilloso muestrario de tonos y matices, de formas y texturas, una especie de inesperado patworch, … Allí fue cuando la codicia la invadió. Quiso tener esa piel, esos ojos, ese lento y majestuoso desplazarse.
Y por sobre todo, con codicia, apresarla y quitarle ese magnífico ropaje y ponérselo como un himno de gozo y soberbia sobre su cuerpo triste y frío. Cuando reaccionó de su ensueño, la vio estirarse, huir y desaparecer, saltando de techo en techo.
Sacudió violentamente la cabeza para espantar la codicia, dijo “Pésame Dios mío”, se santiguó y volvió a la cama.

Mecha Novillo. Noviembre de 2010.





Una mujer camina sola

UNA MUJER CAMINA SOLA

Una mujer camina sola. Va recorriendo despaciosamente las largas galerías del Shopping, solitario a esa hora de la mañana, en ese día de la semana. Tiene la mirada perdida. Va, sólo va hacia delante.
Desde las vidrieras imágenes de bellas mujeres jóvenes, en posturas excitantes, le lanzan miradas provocadoras, otras le sonríen pero ella no se da cuenta. Y hasta le hablan, ésas sí, personas de verdad. Pero no se detiene. ¿Qué querrán? Ofrecerle algo, que compre sus perfumes, sus ropas, sus golosinas, sus libros … Ella no fue a comprar, fue a ver cómo seguían existiendo los otros y el mundo de los otros mientras su mundo se derrumbaba.
Muchas veces ha pasado por esos mismos corredores, apurada, siempre apurada, haciendo compras fugaces, lo más urgente, mientras su marido, siempre impaciente, la esperaba. Mientras él fumaba afuera, en la gran terraza, al aire libre, ella corría adentro, en los anchos pasillos, y compraba cigarrillos, encendedores, bombones, chocolates, para él, sus pequeños placeres.
Ahora no tiene apuro. Puede caminar lentamente. No tiene que ayudarlo a ponerse de pie, acompañarlo a recorrer los pocos pasos hasta la salida del Centro Comercial y tomar un taxi. Abrir la puerta del auto, ayudarlo a subir, una pierna primero, la otra después, ver que esté bien sentado, cómodo, cerrar la puerta, ubicarse atrás, dar las indicaciones y luego repetir el proceso al bajar, entrar a la casa y compartir su alivio al sentarse en el sillón.
Ya no, no hay apuro. Sabe que él está atado a una cama, en un lugar extraño a sus afectos, atendido con eficiencia por extraños, en una extraña encrucijada de la vida, quizás la última parada antes de llegar al fin del camino.
La mujer sigue caminando sola, sola, sola.
Mecha Novillo. 15 de abril de 2011.

Fragmentos de Diario

Domingo 17 de mayo de 2009.

Idas y vueltas en este duro camino de cada día. Hoy, a primera hora, Quiqui abrió la puerta y cortó de una maceta dos flores para mí. Las puso en el platito de las tostadas. Al servir el desayuno las encontré. Alegrías del hogar, nunca mejor llamadas que así, y aquí. Que Dios nos conceda un día tranquilo y con amor.

Viernes 29 de mayo de 2009

Acongojada, desesperada, ansioso el corazón y el alma destrozada, así estoy. Quiqui es ya un despojo, yo no lo soy menos. Anoche se quiso levantar y no pudo hacerlo, el cuerpo no le respondía. No me llamó, se las arregló sosteniéndose del picaporte de la ventana, resbalando y a punto de caer. Cuando fui a verlo esta mañana lo encontré muy mal, con fiebre, agotado por la mala noche.


Este diario está destinado a decir (gritar, lamentarme, llorar, lo que sea) qué siento yo. Y una vez más debo reconocer la incapacidad de las palabras para expresar los sentimientos y los estados de ánimo. Esta mañana me habló Liliana, prometí enviarle textos de escritores y algunos míos sobre “el doble”, “el otro yo”, etc. Los busqué y se los envié. Cómo me gustaría tener otro yo que saliera, que pudiera escapar de esta prisión, que pudiera reír, libre, feliz por cualquier cosa – hay tantas! – mientras el yo obligatorio se queda aquí, escribiendo, leyendo, cumpliendo con una cantidad de tareas domésticas odiosas o al menos poco atractivas, atendiendo a Quiqui. Iba a decir: acompañando a Quiqui, pero sería una mentira. Él está en su mundo, no me deja entrar, no puedo acompañarlo. Sé que tiene miedo, miedo de tener un tumor, miedo de morir, pero no lo habla, ni aprovecha la poca vida que le queda para gozarla de algún modo. Eso me rebela, pero no puedo hacer nada. Es su vida. Es su tormento … y el mío.
Mañana cumplo 76 años. Hace por lo menos 6 que no vivo, apenas si sobrevivo.

2 de enero de 2010: La realidad me abofetea la cara. La realidad me aplasta. La realidad me asfixia. Y no hay forma de evadirse. Cada mañana, al ir al dormitorio de Quiqui a despertarlo, espero … absurdamente, verlo bien, o un poquito mejor. Pero no, lo único que consigo es, a veces, una sonrisa leve, forzada, ¡pobre amor mío! Me acuesto a su lado para abrazarlo y compartir unos minutos el calor de nuestros cuerpos; y luego de esa burda imitación de nuestra realidad de antes, se impone la actual: dura, seca, implacable. No podemos escapar.

7 de enero de 2010: Hoy me ocurrió algo que ha sido un llamado de atención: perdí un sobre grande con el Calendario que acababa de hacer anillar en el Shopping, lo dejé en el taxi o se me cayó de las manos, no sé qué pudo pasar. El hecho en sí no es muy importante, y puede hacerse de nuevo, Carmen ya me imprimió las fotos y yo estoy trabajando en Publisher para rehacer todas las hojas y ha quedado mejor que antes, mañana imprimiré y lo llevaré nuevamente a que lo armen. Pero … ¿por qué pasó? Yo soy muy cuidadosa, muy atenta con todo. Y sin embargo esta vez tuve una “laguna” o una “ausencia” y esto me asusta muchísimo. Llegué a casa, exploté y lloré. Quiqui me miraba sin verme. No me dijo una sola palabra de consuelo. Sergio sí, se lo conté por teléfono y me dijo que él también pierde cosas cuando tiene muchos problemas, que era algo normal. No sé si es así, pero Dios bendiga su buen corazón.
Comprendo que estoy al borde del abismo, ya no puedo más. Y sin embargo, tengo que poder.

26 de enero de 2010: Enero se desliza lentamente hacia su fin, igual que Quiqui. Pero Enero lo hace sin dolor, mientras que Quiqui sufre en su cuerpo tan lastimado y en su alma tan golpeada este lento resbalar hacia la nada.

31 de enero de 2010: Llueve. Está fresco, corre un airecito vivificante. Con eso ya puedo sentirme casi feliz. Hay otras cosas, además; Quiqui se levantó solo esta mañana y me hizo un chistecito, ahora extraordinario, antes muy común, se presentó en mi dormitorio y semioculto chistaba y chistaba para que yo lo descubriera, una especie de juego de escondida. Yo oía el chistido pero no sabía de dónde provenía, creía que era un ruido de la radio, miro y era Quiqui, sonriendo. Nos abrazamos, eso me alegró la mañana.

25 de junio de 2010
Hoy Quiqui está triste. Siempre lo está pero hoy se nota más. Y yo también, en consecuencia, aunque me esfuerzo por levantar una pared invisible entre los dos, para conservar la cordura. Tengo horas de desfallecimiento, es difícil encontrar el equilibrio entre el cariño y la pena. Si me dejo contagiar por su estado de abatimiento no le sirvo para nada.

13 de septiembre de 2010. Como hacía mucho que no ocurría ¡Quiqui caminó! Por la tarde fuimos, a pedido de él, hasta el café de la Avda. Caraffa, caminando. 4 cuadras de ida y 4 de vuelta, sin ninguna dificultad, sin llegar a casa a desplomarse en el sillón. Me dijo: Ya que no hago Fisioterapia, tengo que caminar.
Ojalá le dure.

4 de diciembre de 2010. No sé si alguien, algún día, leerá esto. No importa. A mí me hace bien (¿me hace bien?, no, apenas me sirve) escribirlo. Así la angustia escapa por la punta de los dedos, se hace palabras, de lo contrario sería una nube negra que me abatiría totalmente.

15 de abril de 2011. El tiempo pasa sigiloso, a veces parece que se ha detenido, pero no, continúa su marcha implacable. Y después de muchas horas, de muchos días de intenso trabajo, de marcadas tristezas, de tibias resignaciones, hoy retomo este diario porque estoy al borde del peor abismo que aguarda al hombre, la partida definitiva, el adiós, el abandono de un cuerpo deteriorado e inservible, el regreso al origen… Quiqui está internado en Terapia Intensiva desde hace seis días. Está en coma farmacológico y con respiración asistida. No sé si volveré a verlo consciente, no sé si él me verá, me oirá, si sentirá mis manos acariciando las suyas, mi beso en su frente…

2 de mayo de 2011. Quiqui ya no está. Murió el 19 de abril. Su cuerpo tan castigado por las enfermedades es ya sólo cenizas. Quiero creer que él, el que estaba dentro de su cuerpo, alcanzó la paz y está bien. Yo lo guardo dentro de mí. Aquí estará siempre.

Con amor.
Mecha Novillo. 2 de mayo de 2011.








Últimas Palabras

ÚLTIMAS PALABRAS

Te has ido para siempre, amado mío. Esta vez es un viaje sin retorno.
Nunca más, me repito hasta el cansancio, la razón me lo dice, el corazón lo niega.
Nunca más estarás en nuestra casa, en el sillón que te abrazaba, en la cama buscando el reposo para tu cuerpo exhausto, en la mesa compartiendo el desayuno y las noticias, alargando tu mano para tomar la mía, mirándonos a los ojos, pensando yo hasta cuándo tanto dolor, y tú refugiado en el silencio, quizás pensando lo mismo.
Te extraño, es un dolor muy grande, es un esfuerzo enorme tratar de aceptar la realidad, estoy segura de que esto que escribo vos lo ves, lo sabes, que lees mi corazón,

Y ahora los hijos, los dos varones, me acosan, cada cual a su modo. Lo que más me interesa es que no haya nada que se interponga entre los tres, que nada los separe, que así como fueron engendrados con amor y los criamos y educamos para que fueran buenos hermanos, lo sigan siendo, aunque ya no estés para decir la última palabra.

Otro día más y van … muchos. Para llenar las horas hago cosas con la esperanza de sentirme viva. Hoy empecé Yoga, nada especial. Mañana viernes leo, luego vendrá el sábado y el domingo con su carga de profunda soledad a cuestas. Es duro pasar el fin de semana. Te extraño, mucho, cariñito. Quisiera verte en sueños.

No sé por qué te cuento esto, cosas cotidianas, me aligera la carga que representa llevar la casa sola. (¿Estarás aquí, a mi lado, y yo no te veo?) Las cosas se rompen, los artefactos se descomponen, yo no sé qué hacer; por mí, dejaría que todo siga hasta que se extinga por el natural deterioro que acarrean los años.

Te extraño mucho, me haces falta. Te pido que vengas, en sueños, así sabré que estás bien y que me amas como yo te amo.

Mecha Novillo
Agosto.2011

De muertes y resurrecciones

DE MUERTES Y RESURRECCIONES SUCESIVAS

Varias veces por día se ausenta, muere. Se inclina su cabeza y él duerme, o sueña, sentado en su sillón. Lo miro, me acerco, le hablo, y no me ve, no me oye, no existo, no existe nada para él, está literalmente, muerto. Esa muerte dura una, dos o tres horas. Y de repente, al asomarme o entrar al comedor, sonríe. Ha resucitado. Me mira con cariño, puede que me tienda la mano, o que sólo la tienda para que le alcance un cigarrillo. No investigo. Acepto lo que sea que esa sonrisa signifique.
Eso se repite varias veces por día. Me asusto. Me alivio. Me digo que debo acostumbrarme, que es parte de su enfermedad, me tranquilizo hasta la próxima vez, hasta la próxima muerte y la esperada y siempre sorpresiva resurrección.


Mecha Novillo. 2 de enero de 2011

Brindis

BRINDIS

Yo tenía la idea de que se brindaba sólo en ocasiones especiales: una fiesta, una reunión familiar o social, un cumpleaños, Navidad, Año Nuevo. Levantar la copa y decir: ¡Felicidades! Chocarlas para oír el alegre tintineo del cristal contra el cristal.
Y los prejuicios habituales: La copa no puede estar vacía, Si es vino, mejor que si es agua, Decir el clásico Chin, chin, Que si las burbujas …
Sin embargo, hace un tiempo, desde que estoy resbalando hacia el abismo, cada vez que me siento a la mesa y tomo mi copa, brindo conmigo misma, en silencio, por la pequeña felicidad de ese momento, porque estoy junto al hombre que amo, a veces con la compañía de un hijo, de un nieto, de alguien que me quiere, de alguien a quien yo quiero.
Brindo, es decir ofrezco a los demás, a quien está conmigo, mis buenos deseos, y expreso secretamente el anhelo de que ese momento se prolongue y se repita.
Cualquier comida, con un brindis, se convierte en fiesta. Eso intento al levantar mi copa, muy suavemente, para que nadie se dé cuenta, mientras en mi mente formulo las palabras mágicas que el amor me dicta.

Mecha Novillo. 3 de junio de 2010.