DIARIO.
Martes 21 de octubre de 2008.
Gran angustia. No sé por qué. Sí lo sé. Hay muchos motivos. El más importante: la salud de Quiqui. Noto una leve mejoría y eso me despierta una gran ansiedad. ¿Irá a seguir bien? ¿Será sólo una mejoría ilusoria, de hoy, de unas pocas horas? ¿Será malo que crea que la pesadilla va a terminar? Digo malo porque luego, al despertar, la decepción puede ser aún peor.
A las secuelas del ACV ya me he adaptado – resignado, acostumbrado – y no me parece tan terrible como al principio. Verlo caminar con pasos lentos, cortos, como si caminar le resultara penoso…, ver su imposibilidad para manejar las manos, para vestirse, desvestirse, comer, beber, servirse un vaso de agua, tomar el café…, todo eso ya lo he asumido y no me afecta tanto. Además ha recuperado el equilibrio, eso es un gran paso adelante.
Pero verlo sufrir como lo he visto, como lo veo, por el herpes zóster que lo atacó, eso es espantoso. Y esto es lo que ahora me despierta una ansiedad que me mortifica.
Domingo 28 de diciembre de 2008.
Ansiedad, angustia, dolor, desesperación, esperanza, todos estos sentimientos y muchos más se hicieron presentes en estos dos meses. El herpes pasó pero sus secuelas aún quedan. La piel seriamente dañada, con sensaciones de dolor pasajero, y como consecuencia de los analgésicos que tuvo que tomar para atenuar y soportar el dolor, un eritema medicamentoso que ahora se ensañó con su espalda y sus brazos, exigiendo nuevos remedios con sus previsibles efectos secundarios indeseados y el antídoto correspondiente. Y la evolución aleatoria, un día o dos bien, otro mal, otro peor.
Un laberinto con el Minotauro acechando.
¡Qué difícil ha sido! ¡Qué difícil es!
Cuando esto comenzó, allá por el mes de julio, yo creía tener fuerzas, creía que era una cuestión de voluntad y dedicación. Y puse todo mi empeño, pero no pude evitar los desfallecimientos y la desesperanza. No soy una mujer 10, apenas una mujer.
Falta un par de días, por así decir, para que termine este año. Siempre se supone que lo que viene será mejor. Dios lo quiera.
Lunes 5 de enero de 2009.
Puse la fecha y no escribí nada en su momento. Teniendo tantas cosas para decir! Es que las palabras son pobres , no logran expresar lo que estoy viviendo, lo que estamos viviendo. El infierno tal y como lo concibieron los teólogos y literatos del Medioevo.
Jueves 7 de mayo de 2009.
Quiqui está mejor. Pero todavía precisa mucha ayuda, cuidados, atención, seguimiento… Y yo me siento impotente, desvalida, desamparada…No soy la que era, y me pregunto si alguna vez volveré a serlo.
Domingo 17 de mayo de 2009.
Idas y vueltas en este duro camino de cada día. Hoy, a primera hora, Quiqui abrió la puerta y cortó de una maceta dos flores para mí. Las puso en el platito de las tostadas. Al servir el desayuno las encontré. Alegrías del hogar, nunca mejor llamadas que así, y aquí. Que Dios nos conceda un día tranquilo y con amor.
Domingo 31 de mayo de 2009.
Quiqui está peor que nunca. Casi no puede moverse, casi no puede caminar, para hacerlo se apoya en el bastón y en mí, y mis fuerzas físicas no me alcanzan para sostenerlo.
Lunes 26 de octubre de 2009.
Mañana cumplo 76 años. Hace por lo menos 6 que no vivo, apenas si sobrevivo.
28 de diciembre de 2009: Se va acabando el año. Antes yo me lamentaba porque no había cambios positivos en la salud de Quiqui y en nuestra vida, en mi encierro forzoso, en el futuro incierto. Ahora comprendo que vamos a empezar un nuevo año y todo seguirá evolucionando para peor. No es pesimismo. Es ver la realidad.
2 de enero de 2010: La realidad me abofetea la cara. La realidad me aplasta. La realidad me asfixia. Y no hay forma de evadirse. Cada mañana, al ir al dormitorio de Quiqui a despertarlo, espero … absurdamente, verlo bien, o un poquito mejor. Pero no, lo único que consigo es, a veces, una sonrisa leve, forzada, ¡pobre amor mío! Me acuesto a su lado para abrazarlo y compartir unos minutos el calor de nuestros cuerpos; y luego de esa burda imitación de nuestra realidad de antes, se impone la actual: dura, seca, implacable. No podemos escapar.
31 de enero de 2010: Llueve. Está fresco, corre un airecito vivificante. Con eso ya puedo sentirme casi feliz. Hay otras cosas, además; Quiqui se levantó solo esta mañana y me hizo un chistecito, ahora extraordinario, antes muy común, se presentó en mi dormitorio y semioculto chistaba y chistaba para que yo lo descubriera, una especie de juego de escondida. Yo oía el chistido pero no sabía de dónde provenía, creía que era un ruido de la radio, miro y era Quiqui, sonriendo. Nos abrazamos, eso me alegró la mañana.
4 de diciembre de 2010. No sé si alguien, algún día, leerá esto. No importa. A mí me hace bien (¿me hace bien?, no, apenas me sirve) escribirlo. Así la angustia escapa por la punta de los dedos, se hace palabras, de lo contrario sería una nube negra que me abatiría totalmente.
15 de abril de 2011. El tiempo pasa sigiloso, a veces parece que se ha detenido, pero no, continúa su marcha implacable. Y después de muchas horas, de muchos días de intenso trabajo, de marcadas tristezas, de tibias resignaciones, hoy retomo este diario porque estoy al borde del peor abismo que aguarda al hombre, la partida definitiva, el adiós, el abandono de un cuerpo deteriorado e inservible, el regreso al origen… Quiqui está internado en Terapia Intensiva desde hace seis días. Está en coma farmacológico y con respiración asistida. No sé si volveré a verlo consciente, no sé si él me verá, me oirá, si sentirá mis manos acariciando las suyas, mi beso en su frente…
2 de mayo de 2011. Quiqui ya no está. Murió el 19 de abril. Su cuerpo tan castigado por las enfermedades es ya sólo cenizas. Quiero creer que él, el que estaba dentro de su cuerpo, alcanzó la paz y está bien. Yo lo guardo dentro de mí. Aquí estará siempre.
Con amor.
Mecha Novillo. 2 de mayo de 2011.
martes, 27 de septiembre de 2011
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