O Cómo perderse en un Laberinto sin hilo para salir.
(A la manera de …. con perdón de lectores y escritores)
I
Debería comenzar, me parece, por presentarme ante cualquier posible futuro lector de estos pensamientos desperdigados que no me conozca, y aun ante los que siendo familiares o amigos crean conocerme. Bien puede ser que cada uno de los que dicen conocerme vea sólo un aspecto de mi personalidad y no el total, la complejidad de esta mujer “entrada en años…” que está acá, frente a la computadora, tecleando con un dedo de cada una de sus manos artríticas y luchando con un mouse escurridizo, sin saber a ciencia cierta si lo que hace lo hace por vocación y necesidad de escribir, o si es una simple actividad motora a fin de, por una parte, ejercitar la motricidad fina y por otra, alejar el fantasma del Alzheimer poniendo en movimiento, a fin de prolongar la vida, a sus neuronas que en este mismo momento mueren por millares, como ocurre con las de todos los seres humanos, lo que significa una amenaza terrible para algunos, como ella, mientras que para otros, más ignorantes y más felices, dicha amenaza no figura entre sus preocupaciones.
Dije presentarme, y es lo que intentaré hacer. ¿Con qué lenguaje?, me pregunto. Porque hay opciones: emplear un lenguaje acorde con la Literatura o la Psicología y entonces, recordando las enseñanzas del Secundario, habré de decidirme por el retrato o la semblanza – posiblemente aquéllos que están ajenos a estas disciplinas quizás no lo capten a primera lectura y abatidos por la tarea de adentrarse en la intimidad de alguien a quien no conocieron y que no les importa gran cosa, dejarán de lado estas páginas sin remordimiento alguno – y está también la posibilidad de hacerlo con la terminología que usan los periodistas para reportar un hecho policial, en forma fría y objetiva, sin menospreciar la otra forma de escribir, hacerlo a medias, solicitando la colaboración del lector para que el texto en cuestión adquiera sentido. En estos tiempos los estilos de escritura se mezclan, lo ecléctico es la moda, de manera que será picoteando aquí y allá, en la descripción estricta y en la ambigüedad quasi poética que diré quién es la que está aquí, sentada a la computadora, para emplear un término que evoque aquel otro de vigencia perimida: sentada al piano.
Esta referencia es desde ya, un punto de partida: este individuo, de sexo femenino como ya se ha adelantado en un párrafo anterior, no es joven, es del tiempo en que las mujeres se sentaban al piano, aunque ella – la mujer en cuestión, que viene a ser la que suscribe, mejor dicho, la que suscribirá, una vez acabado este documento – no lo haya hecho, o por lo menos, no con la frecuencia habitual en los tiempos mencionados, por más que en esa mención no exista la precisión que una investigación seria requeriría. Pero ésta no es una investigación seria así que ¡adelante!

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