lunes, 22 de octubre de 2007

VISIÓN DEL MUNDO SIN ANTEOJOS

Últimamente, debo reconocerlo, estoy desconforme, malhumorada – aunque trato de disimularlo, en lo posible – y mi visión del mundo es más bien sombría.

Miro a mi alrededor, y ustedes estarán de acuerdo conmigo, en que lo que se ve, tanto en la realidad como en las imágenes y noticias que nos muestran los medios de comunicación, no es muy alentador.

Intereses encontrados, ambiciones desenfrenadas, destrucción de la vida humana y de la vida del planeta que habitamos, indiferencia o peor aún, hipocresía con respecto a la pobreza, la ignorancia, la enfermedad, la muerte de pueblos enteros … para qué seguir con esta enumeración si todos conocemos estos males: son el pan nuestro de cada día.

No puedo evitar el pensamiento sobre la sabiduría de la naturaleza: la vista y el oído disminuyen su agudeza cuanto más desagradables son las cosas que hay para ver y oír. Pero uno, obcecado, se empeña en corregir esas falencias, se pone anteojos y audífonos y, con el ojo avizor y el oído alerta, aun sin querer, mira a su alrededor y descubre fácilmente gestos y mecanismos de amenaza, de peligro, de traición, que nos cercan cada vez con más fuerza.

Eso me pasaba, a mí, como a usted.

Hasta que un día, cansada, fatigada el alma y agotada la paciencia, me saqué los anteojos, mejor dicho, como los había perdido, no me preocupé por recuperarlos.

Y empecé a ver al mundo entre nieblas vagas, bajo una luz borrosa.

¡Qué maravilla! Todo cambió. Desaparecieron las telarañas empecinadas en instalarse en los rincones de la casa, no se vio ni una miguita en el piso, y el polvo que se acumula sobre cuanta superficie exista ya no me atormentó más. Ni mosquitos rondando ni hormigas devorando el jardín. Eso, en cuanto a la casa. Y en cuanto a los medios: diarios, televisión, etc., la nueva visión también los favoreció. En las fotografías, los videos y las filmaciones, los rostros de políticos, funcionarios, policías y delincuentes se veían dulcificados por una pátina de humanidad hasta ahora desconocida. Los accidentes se vieron menos trágicos y las ceremonias menos ridículas. Y la gente, la gente de verdad, más buena.

Las voces… bueno, bajé el volumen de la radio y del televisor para que el sonido estuviera de acuerdo a la visión, suave, tenue, apacible.

Y así voy superando esta crisis que es algo muy personal. No lo aconsejo como solución, cada uno obra como le cuadra, y cada uno, en esta disyuntiva de ver claro y sufrir o tener una visión del mundo evanescente y soportable, hará lo que le parezca más conveniente.

Algún día tendré que volver a ponerme los anteojos, lo sé, pero voy a postergarlo tanto como sea posible….

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