III
Aquí está, aquí está – y no es la Puerta de Alcalá que ha visto pasar el tiempo – viendo pasar el tiempo ella también, pero mientras tanto está en lo suyo, escribir, y a nosotros nos toca decir qué pasa por su cabeza en estos momentos en que le estamos haciendo esta fotografía digital, para usar una expresión común aunque no sepa exactamente lo que quiere decir, o radiografía espiritual, si así lo prefiere el lector, o un identikit que nos permita saber quién es.
Relee lo ya escrito y de a ratos sonríe, piensa que cómo puede ser que Saramago se haya hecho famoso con ese estilo de “escritura automática” que ella está intentando imitar – eso lo aprendió en el Taller Literario – dejando que la pluma, en el supuesto de que se escriba con pluma, si no, en su acepción metafórica, corra sobre el papel registrando no sólo la historia que cuenta sino todo lo que fluye en su conciencia, lo que pasa por su interior, el del escritor, y por su entorno, desde el calor que lo mueve a levantarse y abrir la ventana, mientras lo invaden los recuerdos de otra tarde cálida y feliz, hasta la sed que lo lleva a abrir la heladera y beber agua fresca. Piensa en Saramago la muy inocente, sin tener en cuenta el talento del portugués, que pocos pueden igualar, ella menos que nadie. Y de a ratos se detiene y piensa también que cómo fue que ella se metió en esto que ya le está complicando la vida, y total….para qué, si nadie lo leerá…

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