II
Sigamos. Esta mujer mayor no posee la Ciencia Infusa, aquélla con la que, según el relato bíblico nuestros primeros padres, Adán y Eva, fueran dotados a fin de sobrevivir en este mundo cruel una vez arrojados del Paraíso; ergo, para estar frente a una computadora es de suponer que debió aprender a usarla. Y sí, lo hizo, tiene un diploma – para mostrar con orgullo a las amigas más “quedadas” – que la habilita como operadora de P.C.
Vuelvo a la duda que quedó flotando en el aire – en este caso, en el relato, puesto que el aire no interviene en la creación literaria salvo como hondo suspiro de pena exhalado por el lector cuando el tema viene de lágrimas, o por el escritor cuando cree haber logrado su objetivo, sea éste cual fuere, y entonces suspira de alivio – sobre si el hecho de estar sentada frente a la computadora podría ser considerado a su favor o en su contra. Se han presentado algunos argumentos que hablarían a su favor, veamos ahora los que podrían ser tomados como contrarios al veredicto final de inocencia que este narrador espera le sea otorgado a la protagonista.
Ella, la mujer, bien que víctima – como todos los ciudadanos de este país, por el solo hecho de haber vivido más años de los que las estadísticas demográficas determinan como esperanza de vida para el tercer mundo – del síndrome de baja autoestima, ha luchado siempre contra esta tendencia por considerarla nociva para su salud. Por ese motivo, no excluyente de otros, que por elemental discreción no vamos a revelar, cayó gustosamente en la tentación de la informática, no en tren de esnobismo, que esto quede bien en claro, pues ser snob no es una de sus debilidades, que las tiene, y muchas.
Cayó, decía, y he empleado este verbo intencionalmente como para que ustedes perciban que fue algo así como un hecho inevitable, podría compararse a cuando uno va caminando distraído por la calle y sin ver un pozo o un desnivel del terreno, cae en él. La informática fue y es aún para algunos un desnivel en los manejos de la vida diaria, dígame usted si no merece ser llamado desnivel el reemplazo de la libretita negra de hojas cuadriculadas en donde se apuntaban las fechas de cumpleaños, de vencimiento de boletas, el día en que se cambió el tubo de gas, o el aniversario de casados, por no hablar de ciertas fechas estrechamente relacionadas con la salud reproductiva y la planificación familiar, todos estos valiosos datos, digo, que en virtud de las posibilidades de la informática fueron a parar a una sola hoja de Excel, tan larga como la historia de la injusticia, que debe ser lo más largo que existe en el mundo.

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