EL PERRO
La culpa es suya, se reprocha., por haberse mudado a Villa Cabrera. El barrio es lindo, pero por su calle pasa el ómnibus y hace un ruido infernal. Y las casas pegadas, y la cercanía con los vecinos a los que apenas conoce….
Después de un día de trabajo y sinsabores, pegada a los auriculares y atenta a la computadora, escuchando los reclamos de los usuarios que están convencidos de no haber gastado lo que figura en su factura telefónica, lo menos que puede pretender es un poco de silencio para poder conciliar el sueño.
Pero sabe, por anticipado, que el perro del vecino ladrará horas y horas – y los otros, los de las casas cercanas, le harán un coro infernal – mientras ella dará mil vueltas hasta enredarse con las sábanas, mirará las estrellas por la ventana, la sangre retumbando en los oídos, amargada y rabiosa por la imposibilidad de dormir. Cada tanto encenderá la lámpara de la mesa de luz, mirará la hora e irá calculando, casi con desesperación, el poco tiempo que le queda antes de que suene el despertador y tenga que levantarse, ojerosa y demacrada, con los nervios a flor de piel, para iniciar otro día.
Justo en ese momento el perro del vecino entrará en la casa y se hará el silencio.
TERESA
El día se le pasa de un modo u otro, limpiando la casa, arreglando el jardín, haciendo algún mandado. Pero a eso de las 12 de la noche, cuando se terminaron las películas en la televisión y los programas en la radio, saca la reposera al patio y se sienta a mirar las estrellas. Las va contando, una a una, a ver si así le da sueño y puede dormir sin pensar en nada, sin extrañar a la Luci, sin llorar .
Y siempre, a esa hora, el perro del vecino empieza a ladrar. Es como si conversara con ella. Ella le contesta. Le dice en voz baja: “Pobrecito, vos también estás solo, por eso ladrás toda la noche, enojado y triste, yo te comprendo” Él no entiende nada, claro, y cuando los perros de las otras casas se ponen a ladrar, todos juntos, Teresa cree que conversan. Le gustaría saber qué dicen. Trata de adivinar, y así, de a poco le viene el sueño.
Entonces entra, se acuesta y duerme.
JOSÉ
* * *

2 comentarios:
Siempre hay un perro, un árbol, una pared, una humedad,un ruido molesto, la vereda... la lista puede ser interminable.
Lo mejor es un "Buen día" grande y generoso. Santo remedio.
Tienes razón, BUEN DÍA, vecina del frente por esas casualidades de la vida,y amiga por esas causalidades del destino.
Esta mañana (Martes 17) me asomé a la ventana, y el arbolito del frente, justamente el de la esquina, iluminado por el sol, brillaba como si fuera de oro puro.En esa casa ha nacido un niño, hace poco.
Corri a la computadora y escribí un poemita: "Árbol dorado y niño". Me sentí muy feliz porque hacía mucho que no podía escribir poesía. Creía que mis fuentes se habían secado. Luego se lo voy a poner en el buzón o se lo voy a entregar.
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