sábado, 29 de septiembre de 2007

INSTANTÁNEAS 2

Espacio privado.

La puerta cerrada ostenta un cartel “Llame antes de entrar”. ¿Oficina pública? No. Es el dormitorio de Luisa. 16 años. Golpeo. Desde adentro, un “¡Pasá!”, me invita a invadir su reino. Entro y quedo tan maravillada como debió quedar Alí Babá al entrar a la cueva de los cuarenta ladrones. Hay ropa y libros tirados por todas partes, Luisa lee recostada en la cama, pero no está sola; la acompaña una multitud de personajes que viven en las paredes: una mujer misteriosa, cubierta de velos, de cuyos ojos caen lágrimas que luego se transforman en flores, líneas que dibujan siluetas de ciudades fabulosas y se entrecruzan con seres extraños e indefinibles, planetas desconocidos giran en el espacio, y sobre el tablero, en los estantes y en todos los rincones duermen botellas esbeltas, coloridas como vitrales. Ella lo hizo, con pinceladas suaves, con pinceladas furiosas, con toques inspirados. No me atrevo a profanar su mundo. Salgo, silenciosamente, y cierro la puerta que separa dos dimensiones.

Mecha Novillo

2 comentarios:

Gloria Brandán dijo...

Al leer este cuento breve, me imaginé entrando en la habitación de mi hija. Salvo las paredes con pinturas e imágines, todo lo demás es igual. Libros, ropa, carpetas, hojas tiradas por todas partes. Yo no interrumpo su sueño. Cierro la puerta y me voy.

Mecha Novillo dijo...

¡Qué lindo tu comentario, Gloria!
Madres y abuelas, hijas y nietas... La adolescencia con sus fuegos y nosotras, respetando esas llamaradas que arden y arderán hasta que el tiempo las consuma.
En mi caso quedan sólo cenizas, aún calientes...