
(Entretelones)
Un nuevo proyecto vino a cambiar nuestra vida: Quiqui se convirtió en investigador histórico – su nombre figura en la Junta Provincial de Historia – y yo en su colaboradora. Creo que después de los hijos y los nietos, fue la empresa que más nos unió.
De un modo fortuito se enteró de que su bisabuelo había sido sacerdote. Eso despertó su interés y comenzó a investigar. Dedicó más de tres años, durante los cuales hizo dos viajes a España, a reconstruir la vida de un personaje admirable, Don Valentín Mabres Carné, catalán, llegado al país en 1865, con una fortuna que destinó a cumplir su noble vocación de enseñar. Constituyó una familia y dedicó toda su vida a la educación de la zona rural, tratando de innovar, de transmitir principios pedagógicos desconocidos en esos tiempos y en esos lugares. Fue un hombre progresista y liberal, un luchador, un quijote que se enfrentó a los molinos de viento de la incomprensión y de los intereses creados, sin éxito. Viudo, terminó sus días como sacerdote. Su memoria estaba destinada al olvido, ni siquiera sus descendientes sabían de su existencia ni de su obra hasta que Quiqui la rescató del pasado para hacerla conocer.
Fue una tarea ardua, no había por dónde empezar, las palabras de su tío Fernando le habían proporcionado apenas vagos indicios, datos borrosos. Como estaba decidido a encararla con rigor histórico se internó por los laberintos de los Archivos, buscó, leyó, interpretó, preguntó, pidió ayuda e intercambió conocimientos con otros investigadores que casualmente o causalmente – nunca se sabrá el porqué – estaban abocados al mismo tema. Llegó a reunir casi 200 documentos (fotocopias de originales, debidamente autentificados) que, junto con sus viajes al pueblo de origen de los Mabres, Igualada, le dio la base firme sobre la cual erigir esa figura, la del fundador de su familia en la Argentina.
Abocado a ese proyecto Quiqui abandonó los estudios de Derecho – estaba cursando materias de 4º año – que no obstante, siguieron siendo tema prioritario en sus intereses, tanto es así que en su primer viaje a España, el que hizo para recabar los documentos más importantes y tomar contacto con la familia en Barcelona y Suiza, asistió a clases en las Universidades Complutense y Autónoma de Madrid y Barcelona.
La empresa nos parecía superior a nuestras posibilidades, hablo en plural porque yo me sentía parte del proyecto y comprometida en él. Hubo que trabajar duramente desde nuestra condición de neófitos. Quiqui investigaba y yo redactaba, leíamos, corregíamos, acotábamos, modificábamos, discutíamos… Los personajes iban adquiriendo vida propia: ese catalán decidido, obstinado, impulsivo, esa mujer dulce y abnegada; esas vidas, esos tiempos y esos lugares nos parecían reales, compartimos sus penurias, sufrimos por sus fracasos y los sentíamos parte nuestra. Hubo avances y retrocesos, períodos de entusiasmo y de desaliento; tres años de nuestra vida los dedicamos a esta empresa que sólo para nosotros tenía importancia. Un día estuvo concluido el borrador. Silvia nos dio algunas ideas junto con una severa crítica. La tuvimos en cuenta. Había que ordenar el relato de acuerdo al orden cronológico y al árbol genealógico de la familia, que trabajosamente llegamos a delinear. ¿ Por qué no dividirlo en capítulos? Así lo hice. Y entonces pensé que quedaría bien seleccionar epígrafes, determinar un índice, incluir prólogo, epílogo y agradecimientos. Luego buscamos a una persona para que lo pasara en computadora y que, de acuerdo a nuestras indicaciones le diera la forma, el diseño de un libro.
En el transcurso del período de la escritura me enamoré de D. Valentín, y ya presa del encanto que surgía de su impactante personalidad, me arriesgué a insertar entre los acontecimientos históricos, otros, sentimentales, que supuse ineludibles. ¡Qué maravilloso fue crear esas páginas en las que, más allá del personaje de los documentos, aparecía el hombre, con su debilidad y su grandeza!
Aún faltaban las fotografías que dieran un rostro a los personajes. Fue una tarea difícil, pues los familiares que las poseían sin darles valor alguno, al serles solicitadas a los fines de ilustrar el libro, encontraron mil pretextos para negarlas . Quiqui debió visitarlos, explicarles, halagarlos y rogarles. Las consiguió. Había que diseñar la carátula. En ese trabajo nos ayudaron los chicos, que también habían sido los que, en un principio, navegando en Internet, nos permitieron tomar contacto con los Mabres de España. ¡Finalmente esas hojas en donde habíamos depositado tantas emociones, escritas con tanto respeto y tanto amor, se habían convertido en un libro! Nuestro libro:
“ Memorias de un Olvido. Valentín Mabres Carné, educador”.
Mientras Quiqui estaba en España, en su segundo viaje de investigación, lo invitaron a la Junta Provincial de Historia. En su lugar fui yo – me parecía mentira estar junto a los monstruos sagrados de esa especialidad. Después fuimos ambos a las Jornadas Regionales de Historia del Interior de la Provincia, en la Cumbre; en esa ocasión, Quiqui expuso ante un público selecto acerca de su libro (salimos en el diario, nota y fotografía). Experiencias enriquecedoras, emotivas, importantes. Fue nuestra gran aventura. Pasó por el tamiz de dos destacados correctores, que lo aprobaron, en el aspecto literario e histórico, con pequeñas observaciones que tuvimos en cuenta. Pero no nos decidimos a publicarlo. Se hicieron varias fotocopias con anillado – sólo una edición casera – y ése fue el regalo para nuestros hijos, en una ya lejana Navidad.
Yo no quise ser menos – no era una cuestión de orgullo sino de completar, para los hijos y los nietos, el conocimiento de sus antepasados – y reuní historias de mi familia materna y paterna en un compilado que llevó por título: “Álbum de Familia”. Escribiendo esas historias disfruté mucho y me puse a prueba. Espero que ellos, al leerlas, hayan disfrutado tanto como yo al escribirlas.
La memoria es un don maravilloso. No debe ser desperdiciado. Los seres queridos que nos precedieron en este duro camino de la vida merecen ser recordados con sus virtudes y sus defectos, con sus logros y fracasos, con su calidad humana.
Hoy, bajo otras circunstancias, muy dolorosas, evoco con nostalgia esa buena temporada en que trajimos al presente a los personajes del pasado, y pienso que dentro de poco, seremos nosotros los protagonistas de curiosas anécdotas y viejas historias. C’est la vie!
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Mecha Novillo.
4 de enero de 2009.

3 comentarios:
Estimada Sra. : He leído el libro "Memorias de un olvido" con profunda emoción al descubrir lo fantástico de este personaje ejemplar.
Lo encontré por casualidad buscando en internet datos sobre este antepasado , Valentín Mabres Carner.
Soy nieto de Rodolfo Mabres e hijo de Victoria Mabres Romans.
Felicito a su marido y a Ud. por este regalo.
Gustavo Blanco Mabres gustav56@gmail.com
Nos alegramos mucho al leer su comentario. Haber podido transmitir la emoción que nosotros sentimos cuando investigamos y posteriormente escribimos sobre la vida de Valentín Mabres Carner es lo que nos propusimos.
Muy agradecida por sus palabras, lo invito, si lo desea, a leer en este blog la entrada siguiente: "Valentín y el silencio". Es un poema que escribí, tratando de encontrar una explicación al desconocimiento de toda la familia Mabres hacia este personaje, el primero que vino desde España a la Argentina.
Afectuosamente
Mecha Novillo de Mabres
Un relato espectacular, lo he leido 3 veces, soy nieto de Juan Mabres Sol i bisnieto de Valentin Mabres
MI padre Mateo Mabres
Un beso y saludos afectuosos
Carlos Mabres
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