domingo, 29 de marzo de 2009

CURRÍCULUM


Se puede leer en mi Currículum la mención de estudios, cursos y cursillos, cargos y trabajos, y aunque académicamente ninguno es muy importante, veo claramente que he pasado la vida saltando como equilibrista sin red – soñadora inclaudicable, lectora impenitente, invasora de mentes cerradas, con vocación irreductible de abrir ventanas condenadas– anfitriona excesiva, convidando por doquier a quienquiera que sea bocaditos sabrosos de historias y poemas.

Comprobé muchas cosas, las que había enseñado desde el conocimiento que dan las páginas de un libro, hasta las que solamente intuía y cuya veracidad me preocupaba.

Viajé por el mundo con el viejo Astolfi a cuestas, en la memoria, para averiguar si sus dichos condecían con la realidad. Y tuve que reconocer que sí, que era digno de crédito, que el Escriba Sentado estaba allí, inmóvil, esperando la orden para seguir escribiendo, que la Piedad era un canto al amor desgarrado, que Moisés me miraba impasible y lejano desde su altura majestuosa. Frente al Cristo de Velázquez lloré y supe que los poetas no mienten.

Entonces volví, y saciada mi sed, calmada mi hambre, los oídos, la boca y los ojos dulces por lo visto y escuchado, seguí derramando gotitas de almíbar sobre trozos de pan tierno para mis alumnos, para mis nietos.

Es también importante, creo yo, en este breve historial, la minuciosa aventura que me llevó a incursionar en otras lenguas, en otros pensamientos, en mi afán de comprender mejor al hombre, siempre igual y siempre distinto, antes y ahora, aquí y allá.

Casi nada más tengo para ofrecer como antecedente, salvo mi buena fe y la honestidad de mis intenciones.

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