domingo, 29 de marzo de 2009

“MEMORIAS DE UN OLVIDO”.


(Entretelones)

Un nuevo proyecto vino a cambiar nuestra vida: Quiqui se convirtió en investigador histórico – su nombre figura en la Junta Provincial de Historia – y yo en su colaboradora. Creo que después de los hijos y los nietos, fue la empresa que más nos unió.

De un modo fortuito se enteró de que su bisabuelo había sido sacerdote. Eso despertó su interés y comenzó a investigar. Dedicó más de tres años, durante los cuales hizo dos viajes a España, a reconstruir la vida de un personaje admirable, Don Valentín Mabres Carné, catalán, llegado al país en 1865, con una fortuna que destinó a cumplir su noble vocación de enseñar. Constituyó una familia y dedicó toda su vida a la educación de la zona rural, tratando de innovar, de transmitir principios pedagógicos desconocidos en esos tiempos y en esos lugares. Fue un hombre progresista y liberal, un luchador, un quijote que se enfrentó a los molinos de viento de la incomprensión y de los intereses creados, sin éxito. Viudo, terminó sus días como sacerdote. Su memoria estaba destinada al olvido, ni siquiera sus descendientes sabían de su existencia ni de su obra hasta que Quiqui la rescató del pasado para hacerla conocer.

Fue una tarea ardua, no había por dónde empezar, las palabras de su tío Fernando le habían proporcionado apenas vagos indicios, datos borrosos. Como estaba decidido a encararla con rigor histórico se internó por los laberintos de los Archivos, buscó, leyó, interpretó, preguntó, pidió ayuda e intercambió conocimientos con otros investigadores que casualmente o causalmente – nunca se sabrá el porqué – estaban abocados al mismo tema. Llegó a reunir casi 200 documentos (fotocopias de originales, debidamente autentificados) que, junto con sus viajes al pueblo de origen de los Mabres, Igualada, le dio la base firme sobre la cual erigir esa figura, la del fundador de su familia en la Argentina.

Abocado a ese proyecto Quiqui abandonó los estudios de Derecho – estaba cursando materias de 4º año – que no obstante, siguieron siendo tema prioritario en sus intereses, tanto es así que en su primer viaje a España, el que hizo para recabar los documentos más importantes y tomar contacto con la familia en Barcelona y Suiza, asistió a clases en las Universidades Complutense y Autónoma de Madrid y Barcelona.

La empresa nos parecía superior a nuestras posibilidades, hablo en plural porque yo me sentía parte del proyecto y comprometida en él. Hubo que trabajar duramente desde nuestra condición de neófitos. Quiqui investigaba y yo redactaba, leíamos, corregíamos, acotábamos, modificábamos, discutíamos… Los personajes iban adquiriendo vida propia: ese catalán decidido, obstinado, impulsivo, esa mujer dulce y abnegada; esas vidas, esos tiempos y esos lugares nos parecían reales, compartimos sus penurias, sufrimos por sus fracasos y los sentíamos parte nuestra. Hubo avances y retrocesos, períodos de entusiasmo y de desaliento; tres años de nuestra vida los dedicamos a esta empresa que sólo para nosotros tenía importancia. Un día estuvo concluido el borrador. Silvia nos dio algunas ideas junto con una severa crítica. La tuvimos en cuenta. Había que ordenar el relato de acuerdo al orden cronológico y al árbol genealógico de la familia, que trabajosamente llegamos a delinear. ¿ Por qué no dividirlo en capítulos? Así lo hice. Y entonces pensé que quedaría bien seleccionar epígrafes, determinar un índice, incluir prólogo, epílogo y agradecimientos. Luego buscamos a una persona para que lo pasara en computadora y que, de acuerdo a nuestras indicaciones le diera la forma, el diseño de un libro.

En el transcurso del período de la escritura me enamoré de D. Valentín, y ya presa del encanto que surgía de su impactante personalidad, me arriesgué a insertar entre los acontecimientos históricos, otros, sentimentales, que supuse ineludibles. ¡Qué maravilloso fue crear esas páginas en las que, más allá del personaje de los documentos, aparecía el hombre, con su debilidad y su grandeza!

Aún faltaban las fotografías que dieran un rostro a los personajes. Fue una tarea difícil, pues los familiares que las poseían sin darles valor alguno, al serles solicitadas a los fines de ilustrar el libro, encontraron mil pretextos para negarlas . Quiqui debió visitarlos, explicarles, halagarlos y rogarles. Las consiguió. Había que diseñar la carátula. En ese trabajo nos ayudaron los chicos, que también habían sido los que, en un principio, navegando en Internet, nos permitieron tomar contacto con los Mabres de España. ¡Finalmente esas hojas en donde habíamos depositado tantas emociones, escritas con tanto respeto y tanto amor, se habían convertido en un libro! Nuestro libro:

“ Memorias de un Olvido. Valentín Mabres Carné, educador”.

Mientras Quiqui estaba en España, en su segundo viaje de investigación, lo invitaron a la Junta Provincial de Historia. En su lugar fui yo – me parecía mentira estar junto a los monstruos sagrados de esa especialidad. Después fuimos ambos a las Jornadas Regionales de Historia del Interior de la Provincia, en la Cumbre; en esa ocasión, Quiqui expuso ante un público selecto acerca de su libro (salimos en el diario, nota y fotografía). Experiencias enriquecedoras, emotivas, importantes. Fue nuestra gran aventura. Pasó por el tamiz de dos destacados correctores, que lo aprobaron, en el aspecto literario e histórico, con pequeñas observaciones que tuvimos en cuenta. Pero no nos decidimos a publicarlo. Se hicieron varias fotocopias con anillado – sólo una edición casera – y ése fue el regalo para nuestros hijos, en una ya lejana Navidad.

Yo no quise ser menos – no era una cuestión de orgullo sino de completar, para los hijos y los nietos, el conocimiento de sus antepasados – y reuní historias de mi familia materna y paterna en un compilado que llevó por título: “Álbum de Familia”. Escribiendo esas historias disfruté mucho y me puse a prueba. Espero que ellos, al leerlas, hayan disfrutado tanto como yo al escribirlas.

La memoria es un don maravilloso. No debe ser desperdiciado. Los seres queridos que nos precedieron en este duro camino de la vida merecen ser recordados con sus virtudes y sus defectos, con sus logros y fracasos, con su calidad humana.

Hoy, bajo otras circunstancias, muy dolorosas, evoco con nostalgia esa buena temporada en que trajimos al presente a los personajes del pasado, y pienso que dentro de poco, seremos nosotros los protagonistas de curiosas anécdotas y viejas historias. C’est la vie!

______________

Mecha Novillo.

4 de enero de 2009.

SOLICITUD DE EMPLEO


En Córdoba, ruidosa ciudad de un escandaloso país, Argentina.

A 22 días del mes de noviembre del despiadado año de 2006.

A Quien corresponda:

La que suscribe, herida por el rayo de la duda, después de largas noches de insomnio en las que desgranó su incertidumbre sobre la conveniencia de embarcarse a esta altura de su vida en una nueva aventura laboral, se pregunta y le pregunta a Ud., que todo lo sabe y todo lo puede, para qué servirán sus saberes, algunos lisa y llanamente arcaicos, otros desplazados y reemplazados por modernos sistemas de enseñanza y comunicación y, adjuntando sus antecedentes, se ofrece para ocupar algún cargo vacante – acorde a sus anacrónicas capacidades, escasos merecimientos y sencillas ambiciones – en el área de las Lenguas confusas y mezcladas, de las Humanidades inhumanas, de la vacilante Cultura, o bien de la agonizante Civilización.

Si Ud. tiene a bien acceder a tan modesto pedido, puede dirigirse a quien suscribe por E-mail, por pellizco en el corazón o por silbido en medio de la noche.

Sin otro particular saluda a Ud. atte. con la mayor consideración y respeto.

CURRÍCULUM


Se puede leer en mi Currículum la mención de estudios, cursos y cursillos, cargos y trabajos, y aunque académicamente ninguno es muy importante, veo claramente que he pasado la vida saltando como equilibrista sin red – soñadora inclaudicable, lectora impenitente, invasora de mentes cerradas, con vocación irreductible de abrir ventanas condenadas– anfitriona excesiva, convidando por doquier a quienquiera que sea bocaditos sabrosos de historias y poemas.

Comprobé muchas cosas, las que había enseñado desde el conocimiento que dan las páginas de un libro, hasta las que solamente intuía y cuya veracidad me preocupaba.

Viajé por el mundo con el viejo Astolfi a cuestas, en la memoria, para averiguar si sus dichos condecían con la realidad. Y tuve que reconocer que sí, que era digno de crédito, que el Escriba Sentado estaba allí, inmóvil, esperando la orden para seguir escribiendo, que la Piedad era un canto al amor desgarrado, que Moisés me miraba impasible y lejano desde su altura majestuosa. Frente al Cristo de Velázquez lloré y supe que los poetas no mienten.

Entonces volví, y saciada mi sed, calmada mi hambre, los oídos, la boca y los ojos dulces por lo visto y escuchado, seguí derramando gotitas de almíbar sobre trozos de pan tierno para mis alumnos, para mis nietos.

Es también importante, creo yo, en este breve historial, la minuciosa aventura que me llevó a incursionar en otras lenguas, en otros pensamientos, en mi afán de comprender mejor al hombre, siempre igual y siempre distinto, antes y ahora, aquí y allá.

Casi nada más tengo para ofrecer como antecedente, salvo mi buena fe y la honestidad de mis intenciones.

Encore (Todavía)


ENCORE…

Tremblent tes mains , amour ,

tes mains elles tremblent

tant qu’elles soutiennent la cigarette ,

elles tremblent

et ce n’est pas l’espoir ,

c’est pas l’angoisse ,

c’est pas l’amour ou l’anxieté qui font

trembler tes mains ; tout simplement

la vie ;

oui , c’est la vie , tu sais ,

la grande voleuse ,

voleuse sinistre

qui , sans avoir le droit

s’ampare de tout

tout ce qu’elle même

nous avait fait cadeaux un jour lointain ,

le jour où nous sommes nés ,

maintenant si loin , si loin , si loin ……

De la force , de la beauté , de l’énergie ,

presque rien reste déjà

¡que c’est dommage !

Nous ne sommes pas ceux que nous fûmes ,

tout s’est perdu : jeneusse , bonheur…

Regarde , amour , regarde bien

mon compagnon : mes rides ,

mes cheveux et mon corps ,

regarde-moi ;

et moi , je te regarde aussi :

les sillons du visage , le tremblement des mains …

Mais encore nous sommes là : toi et moi ,

jusqu’à la fin des temps .

J’ai du mal à vieillir ,

toi , aussi , tu as du mal .

Laisser , parfois , soudain , la joie , les rêves ,

se rendre compte , parfois , s’ôter d’espoir …

c’est dure , on ne le peut nier ,

c’est une tâche pesante , un cauchemar terrible

ne plus être qui on est ,

être … personne ou rien ,

au bord du gouffre ,

et de là , voir la vie qui s’en va ,

qui s’envole…

Mais encore et pourtant

nous sommes là , toi et moi ,

jusqu’à la fin du temps .

(Agosto1999)

Traducción:

TODAVÍA

Tiemblan, amor, tus manos tiemblan.

Tiemblan tus manos

mientras sostienen el cigarrillo.

Tiemblan tus manos

y no es la esperanza,

la angustia o el amor

o la ansiedad la causa

del temblor de tus manos;

es sólo y simplemente, la vida.

Sí, tú lo sabes bien,

se trata de la vida,

la gran ladrona,

sin códigos, siniestra,

que sin tener derecho

se apodera de todo,

de todo lo que un día lejano

ella nos regaló cuando nacimos,

ahora lejos, lejos, lejos…

Fuerza, belleza y energía,

casi nada nos queda ya

¡qué pena!

No somos los que fuimos,

y todo está perdido: la juventud, la dicha…

Mira, mi amor, fíjate bien en mí,

mi compañero :

mis arrugas, mis cabellos y mi cuerpo;

mírame

y yo también te miro:

los surcos de tu rostro, el temblor de tus manos…

Pero aún estamos tú y yo, aquí

hasta el fin de los tiempos.

Me cuesta envejecer,

a ti también te cuesta.

Dejar, a veces, de repente, la alegría y los sueños,

darse cuenta, a veces, y perder la esperanza…

Es duro, es innegable,

una carga pesada, pesadilla terrible,

no ser más quien uno era,

ser… nadie o nada,

al borde del abismo,

y desde allí ver la vida que se va,

que huye…

Más sin embargo y a pesar de todo

aquí estamos, tú y yo,

hasta el fin de los tiempos.

(Traducción: 15 de marzo de 2009)

HOJA DE HIEDRA


Corazón vegetal,

hermosa estrella verde,

la encontré esta mañana

temblando sobre el muro,

desprendida al descuido

de la hiedra salvaje,

soñolienta y con frío,

acunada en el viento.

¡Tan pequeña y tan frágil!

Como mi corazón,

si no encuentra raíces

morirá poco a poco

en triste desamparo

y agonía de olvido.




Rosas y algo más



Ayer he recibido rosas. Rosas rojas de Quiqui, mi compañero de tantos años, pimpollos aún cerrados, exultantes de vida, como anuncio de que aún quedan años por venir, que pueden, sí, ser vibrantes y felices (La vejez / ese es el nombre que los otros le dan / puede ser también el tiempo de nuestra dicha).

Y de mi nieto Juan, y de Cecilia, recibí rosas de un color tan delicado y suave como la materia de los sueños, blancas con un leve matiz dorado. Casi, casi como las que Quiqui me regaló para dar la bienvenida al mundo a Silvia, nuestra primera hija. Pero no venían solas o con el clásico Feliz Cumpleaños , sino con una tarjeta que me ha emocionado profundamente y me ha dado fuerzas para seguir en esta lid, porque decía: “Le ganaste un año más a la vida, felicitaciones”. Es un valioso reconocimiento y me compromete a no defraudar a los que me quieren, a seguir íntegra hasta el último momento.

Los pimpollos rojos y blancos ya están empezando a abrirse, su perfume va a extenderse por la casa, y por varios días me acompañará; luego, como es mi costumbre, cortaré algunos para guardar entre las hojas de un libro de esos que uno relee cuando se siente débil o triste, buscando apoyo, buscando alivio.

Ayer cumplí años, muchos, más de los que querría tener, pero tantos como la vida, dadivosa, me ha obsequiado o me ha prestado, si voy a ser exacta en mis apreciaciones.

Pues en esto de la edad, de los años que se suman, se puede tener dos puntos de vista: o bien el del Evangelio, el que nos habla de los talentos, o bien el de la poesía, más variado y pintoresco, a veces crudo, a veces alentador.

Yo no descarto a ninguno.

La parábola de los talentos me recuerda que no debo desperdiciar las posibilidades que me han sido concedidas, más aún, que estoy obligada a que los años vividos hayan sido fructíferos en creación y en trascendencia.

Por eso concluyo estas reflexiones con las palabras de Neruda – que hago mías :

Dejadme ser feliz, / ser feliz porque sí, porque respiro / y porque tú respiras
Y ese tú, que me hace ser feliz, abarca a todos los que amo.

Dos mujeres



DOS MUJERES

La niña mira la burbuja de jabón. Es un globo translúcido en donde caben todos los sueños, todas las esperanzas. El futuro está dentro de esa esfera prefecta, inasible, frágil, fugaz. La niña la mira atentamente, con los ojos entrecerrados. La niña juega.

La mujer sostiene el cántaro con su mano sarmentosa y lo mira fijamente, como queriendo encontrar dentro lo que tuvo y perdió. La vida toda está contenida en esa forma perfecta, en donde cabe el agua fresca que calma la sed y las lágrimas que alivian el dolor. La mujer piensa.

Es la misma mujer. Son todas las mujeres. Es nuestro sino inexorable: nacer, soñar, reír, llorar, dar, perder, sufrir, morir.

Quedar en el recuerdo. O desaparecer en el olvido.