viernes, 14 de noviembre de 2008

Flor que extraña la rama

Ya ha dicho el sabio que los hijos extrañan a los padres cuando se han ido, como la flor cortada extraña la rama.

(Alberto Gerchunoff)

Cuando el hijo se va, los padres quedan.

La casa paterna es el hogar; los padres, el sostén, el apoyo, las raíces que nos afirman al terreno original desde donde podemos, aún frágiles, extender nuestras ramas, florecer y volar, como las hojas en otoño, imitando a los pájaros. Los padres siempre están, en el ardor de sus años jóvenes, en la quietud de su vejez, en el silencio de su ancianidad. Los creemos eternos. Pero un día ellos también parten, reclamados por la ley inexorable del devenir humano.

Y es entonces, ante su ausencia, cuando el hijo se siente huérfano – no importa la edad que tenga - , desamparado, solo. Ha perdido su pasado y su historia. Dolorosamente, deja de ser hijo y comienza a ser hombre.

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