El terror de la hoja en blanco… Tanto se ha dicho sobre esto…
¿Sentirá igual pavor el pintor frente al lienzo virgen? ¿Y el que está frente a la pantalla de su computadora, y no sabe qué hacer?
Cierto es que se puede borronear, mezclar y arrojar palabras sobre la hoja en blanco. Sin embargo…las palabras son escurridizas, eso cualquiera lo sabe, se deslizan, traviesas, se caen y cuando nos estiramos para alcanzarlas desaparecieron, o cambiaron de lugar. Pero tarde o temprano se las puede encontrar.
Las ideas, en cambio…¡ay, las ideas! Qué caminos laberínticos recorren ocultándose, perdiéndose en la niebla del pasado, en la confusión del presente, en la incertidumbre del mañana!
Y yo aquí, creyendo que a fuerza de voluntad voy a ganarle a ese temor ancestral.
Felices aquellos hombres que al pintar las imágenes de caza en la Cueva de Altamira escribieron por primera vez sin temor alguno, conjuraron a los poderes malignos y se aseguraron la protección de los dioses bondadosos, los que les proporcionaban alimento.
Porque, mirando éste y otros acontecimientos semejantes de aquellos tiempos remotos, ¿qué más necesita el hombre que alimento?
Y aquí surge, ineludible, la pregunta: ¿Es la poesía un alimento? ¿Y la ficción? ¿Y el ensueño? ¿Y la música? ¿Y el perfume?
Cuántas cosas necesitamos para sentirnos completos!
Envidio al hombre de las cavernas, al cazador orgulloso que entregaba su presa para la subsistencia del grupo, a la mujer que trozaba y ahumaba la carne, que la guardaba y la distribuía, envidio la alegría de satisfacer esa necesidad primigenia.
Envidio la unión salvaje de esos seres primitivos, un amor que sólo obedecía al instinto de conservación de la especie.
Envidio la aceptación de la vida y de la muerte de aquellos hombres, y quisiera ser como ellos en este aspecto.
Pero soy una mujer del siglo XXI que pretende ganarle a la muerte que acecha, al silencio que envuelve, a la soledad que atormenta, al amor que agoniza, al hambre y a la sed de justicia, a los sueños frustrados, a la angustia de las noches desiertas , y sobre todo, ahora, en este preciso momento, al terror de la hoja en blanco…

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