martes, 30 de diciembre de 2008

POSTAL DE UNA MAÑANA DE VERANO




Un pajarito herido
ha buscado refugio esta mañana
y se posó en mi reja.
¡Mal abrigo!
Me acerqué para verlo.
Inmóvil, como ajeno
me esquivó la mirada y mis palabras
no rozaron sus plumas ni su vuelo.
Lo dejé. Al poco rato ya no estaba.
El aura de dolor que aprisiona la casa
lo envolvió en su misterio incomprensible
y se fue, no sé cómo,
quizá aferrado
a un soplo de la brisa que corría
limpiando los rincones soñolientos.
Quizá arrastrándose
huyó de la tragedia y el olvido
que se adueñó de este lugar amado,
ayer cálido hogar,
hoy sólo ruina.

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