…Descubro que ha pasado el tiempo, inexorable y cruel.
Releo mis poesías actuales y las encuentro tan simples, tan sencillas en su temática! Comparándolas con la que casualmente llegó a mis manos, escrita hace 46 años, cuando era estudiante del Profesorado – la había guardado una compañera – veo que la hoguera que entonces me consumía se fue apagando paulatinamente. El amor, la pasión, el sentimiento trágico de la vida ya no existe, ya lo viví, ya sufrí la pérdida de seres queridos, la de los hijos que se fueron, la de la juventud y la belleza, la de los propios sentimientos que me transformaron en la que soy ahora, más serena, medida, algo escéptica, esperanzada de a ratos, conmovida más por la naturaleza que por la gente, con algunas certezas y muchas inseguridades – terreno movedizo en el que ya me he acostumbrado a caminar .
Esa evidencia me apena, pero me digo que, en compensación, he ganado en la comprensión y el conocimiento de mí misma, en primer lugar, y luego en el de los demás. Eso es bueno, ayuda a vivir. Aún me quedan temas sin resolver, dudas sin aclarar, pero no me mortifica el no saber, ya llegará el día en que todo aparezca ante mis ojos con absoluta claridad, aunque quizás eso ocurra en el minuto final de la vida.
Me siento como los dos niños de la leyenda que salieron a buscar por todo el mundo el pájaro azul de la felicidad y no lo encontraron, porque estaba en su ventana. No pretendo encontrarla, sería pueril, sé que no existe como estado permanente, que sólo se nos aparece como un estado de gracia en ciertos momentos fugaces y preciosos, que debemos agradecer y atesorar.
Será por eso que mis poemas actuales hablan de mi parra, del dibujo de la lluvia sobre la mesa del patio, de mi pequeño jardín, de las flores en mi ventana, del desayuno de cada día, de un ramo de rosas, del sol rojo sobre el techo de mi casa, de una simple caminata, de lo común y cotidiano. A algunos les gustan, otros opinan que no son poemas. Yo los escribo tal como los siento; cuando una sensación, una imagen, una música, un aroma me golpea, me veo empujada irresistiblemente a escribirlo. La rima, el ritmo, la medida surgen espontáneamente, tan internalizados están en mí que no puedo escribir de otra manera.
Y en algunas ocasiones, las menos, aflora el sentimiento puro, sin el andamiaje de imágenes sensitivas que lo sustenten. Es ahí cuando se asoma, apenas, la que fui, como para demostrarme que aún soy yo misma, bajo otro rostro y otro aspecto exterior, pero la misma, no sé si por suerte o por desgracia. Así como creo en el determinismo histórico, creo en el destino de cada vida, destino del cual es muy difícil liberarse.
Y vuelve, una y otra vez, el tema de la literatura, la lectura, la escritura, que son ya un estilo de vida del cual no puedo apartarme, que me hace olvidar la tristeza del nido vacío (sin los hijos) en el que habito hace ya tantos años. Es muy probable que nunca publique, que sólo mis amigas y algunos familiares conozcan mi producción, no quiero intervenir en más concursos, no quiero esforzarme para que mis escritos se conozcan, pero sé que seguiré escribiendo hasta que se seque la vertiente interior de donde surgen mis temas. Y confío en que mientras haya un rayo de sol iluminando la mañana, una flor exhibiendo sus colores, un perfume como anclaje de la nostalgia, una imagen que despierte sensaciones olvidadas, esa vertiente continuará brotando, generosa.
Espero que este consuelo no me sea negado por alguna contingencia inesperada. Espero poder seguir escribiendo para mi placer, como catarsis, como expresión de dolor o de alegría. Escribo porque ésa es mi mejor forma de expresión; al escribir vuelco lo más íntimo y oculto de mis pensamientos y de mis sentimientos, lo que a menudo no puedo decir. Escribir es un ejercicio de defensa personal.
Por eso, aunque al releer mis antiguas poesías advierta que hoy la hoguera está apagada, seguiré escribiendo, como pueda, como lo sienta, con sólo un puñado de palabras, con unas pocas ideas que pugnan por ver la luz. Seguiré escribiendo…
domingo, 18 de noviembre de 2007
CUANDO EL AYER IRRUMPE, SORPRESIVO…
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