sábado, 28 de abril de 2012
De exilios y otras yerbas
DE EXILIOS Y OTRAS YERBAS …
Después de mucho pensar en el asunto he llegado a la conclusión de que estoy viviendo un exilio. Sí, no el terrible exilio de quienes, urgidos por un peligro o empujados por la miseria se ven obligados a dejar la tierra en que nacieron, en la que viven y donde tienen sus seres queridos. No, mi exilio es de otra naturaleza, pero no por ello menos exilio.
Primero fue tu exilio, mi amor, y yo no me di cuenta. No me dijiste nada. Era costumbre tuya cuando hacías cualquier cosa, las mil y una actividades que tenías o te buscabas, hacerlas y después comentármelas. Así fue cuando te fuiste desprendiendo de todo lo que tenías: objetos celosamente guardados por muchos años, recuerdos, ropa, documentos, papeles, y finalmente tu vida. Y yo no me daba cuenta …
Y cuando ya no estuviste más, cuando no quedó “ni el polvo de tus huesos”, me tocó a mí exiliarme. De tu presencia, de esta rutina que nos condicionaba pero en la cual nos movíamos con cierta normalidad, de esta forma de vida que por más de tres años fijó los límites de lo que podíamos hacer y lo que no.
Y así sigo, en un exilio piadoso. La casa, sin ti, es un territorio extraño, nada es como era, casi no la reconozco, hay lugares en donde me siento ajena, y miro la pared de tu dormitorio, ya despojada de algunos recuerdos que les di a los chicos, tu cama, tus cosas.
Estoy exiliada de mi mundo personal, exiliada de mí misma, de la que era; soy una persona extraña en un territorio que no conocía, el de la mujer que vive sola. Territorio de libertad y soledad, territorio que oscila entre penumbras y luces… ¿Volveré alguna vez a mi “terra preta”? Quiero volver.
¿Las otras yerbas? Miles. Temores absurdos, obsesiva negación hacia ciertas cosas, miedo a los cambios, horas en que necesito el silencio y otras en que lo evito, la casa - nuestra casa, ahora mi casa – que me reclama más atención, y yo que ya no tengo capacidad ni quiero dedicar especial atención a nada, a nadie. Y pretendo que nadie se vea obligado a “atenderme”.
¿Cuándo terminará este exilio? ¿Cuándo me sentiré en mi propio territorio? Algún día será, espero que entonces tenga salud y entusiasmo para gozarlo. Que Dios me otorgue este último favor.
* * *
Mecha Novillo.
Noviembre de 2011.
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