Bueno, hoy es un día malo, como tantos otros desde que … no puedo establecer con precisión desde cuándo, diría que desde que mi compañero dejó de serlo y pasó a ser el enfermo a mi cargo, no por su voluntad sino por el deterioro gradual de su salud.
Entonces, como es un día malo – está en cama, con gripe – y antes de contagiarme de su estado de ánimo depresivo y nebuloso, mejor escribo. Una vez más escribo para exorcizar los fantasmas. Escribo en mi diario casi todos los días para dejar constancia de mi vida a destinatarios desconocidos (como si a alguien le fuera a importar!). Escribo mensajes a mis amigas para conversar con ellas, para tratar de ayudarlas en sus penas, responder a sus preguntas, aclarar sus dudas, y para pedir ayuda cuando las penas, las preguntas y las dudas son mías. He aprendido a escribir mensajes en el teléfono celular, y compruebo que resultan de gran utilidad. Escribo listas de elementos que hay que comprar, de tareas por hacer, y en papelitos sueltos que dejo en lugares visibles, escribo números telefónicos, direcciones de Correo Electrónico, nombres que debo recordar, cosas que debo averiguar. Escribo, escribo, escribo. Con o sin inspiración, escribo.
Hoy le entregué una especie de aguinaldo a mi empleada, ella lo esperaba, sin duda, aunque por ley no le corresponde ya que aquí trabaja sólo cuatro horas semanales, pero se lo puse en un sobre en donde le escribí un par de frases amables, de agradecimiento y reconocimiento por su trabajo. Cuando lo leyó se emocionó mucho. Una pequeñez, pero si sirve para algo, vale la pena escribir.
Siempre me gustó escribir, tanto como leer; es como abrir una ventana hacia afuera, salir de sí, ir al encuentro de los otros, porque rara vez se escribe para uno, ir hacia la vida que pasa mientras uno está detenido.
No entiendo a la gente que dice: “Me cuesta escribir, no sé qué escribir, me cansa escribir”, y otros despropósitos por el estilo.
A mí me gusta tanto escribir que muchas veces lo he hecho para otros, respondiendo a pedidos o necesidades, sin el menor interés material. He escrito para revistas, para diarios; que se publiquen o no mis escritos, es otro cantar. Yo escribo.
Y en este día malo, porque el hombre que amo está mal, escribo en lugar de llorar, que es lo que quisiera hacer. Llorar por el tiempo que pasó por nuestras vidas, llorar por el paulatino desencanto, por las decepciones, por las amenazas veladas u ostensibles de ese mismo enemigo, el tiempo, antes dulce y placentero, hoy amargo. Pero me enseñaron a no llorar, y no lloro. Escribo, escribo, escribo.
